Jaime Sanabria

| Del problema chino a Panrico | -

Del problema chino a Panrico
Del problema chino a Panrico

Este artículo viene al hilo de una noticia anunciada en días pasados sobre la introducción por parte de El Corte Inglés de una línea de hogar low cost. Noticia que algo da para la reflexión.

Fue durante las décadas de los ochenta y noventa cuando se democratizó la importación de bazar de china. Muchos empresarios se subieron al carro, con más o menos éxito posterior y con más o menos organización. Comenzaron a trabajar, promoviendo aquellas tiendas de todo a cien, almacenes mayoristas, generando puestos de trabajo y alimentando a transportistas y operadores logísticos entre otros. Era fácil y barato comprar en China; no tanto vender. Incluso ahora es difícil entrar en comparación con otros países.

¿Libre mercado?

Aparecían en medio de un mercado encorsetado y clasista para ofrecer lo que el cliente demandaba. Había un nicho que cubrir, así de sencillo. La noticia de que las tiendas de todo a cien eran un buen negocio se corrió como la pólvora entre la comunidad marroquí, pasando de la venta ambulante a vender en locales. Muchos “nacionales” también se subieron al carro.

Eran los comienzos de la moda “Made in China”. Algo que a la gran mayoría de marcas conocidísimas no importaba, comenzaba a importar. Existía la creencia de que si no salía en la televisión no era bueno… ¿existía?

El cliente era feliz. “Con quinientas pesetas compro de todo”. Gustaba hablar de las cosas que había en la tienda de Ramón o en la de Mustafá. Era todo un éxito enseñar a los amigos la llave inglesa comprada por 250 pesetas, que, total, para dejarla en el coche...

Estaban en cada barrio y todavía quedan algunas de aquellas tiendas con la sabia intuición de acercar el producto al cliente, corriente que vuelve, como todo lo clásico y que conlleva el uso del sentido común.

Hubo fabricantes y distribuidores que, viendo lo que veían, se adaptaron, al igual que ocurre hoy con el boom de las marcas blancas, y todavía viven. Otras murieron ante una apabullante competencia atomizada que le daba por todos lados, fusilándole piezas y no sólo piezas. Otras, en un intento de preservar la imagen de marca y el prestigio comercial, se negaban a vender a este canal de distribución que movía decenas de miles de millones de pesetas y posteriormente millones de euros; ya han desaparecido. Sin ánimo de ofender, a no ser que su producto sea “un Rolls Royce” con su nicho de mercado ya establecido y definido, adáptese, como han hecho Mercedes o Audi sin perder imagen de marca.

Se culpa a los chinos de estas desapariciones, cuando han sido los españoles quienes comenzaron a traer y vender los productos fabricados allí. ¿Por qué no culpamos también a los chinos de que existan empresas que han evolucionado, se han profesionalizado y lucrado gracias a esta moda? Un momento, ¿Moda o necesidad? ¿También es moda el modelo de negocio de Mercadona?

Algo totalmente esperable y previsible si compras cantidades ingentes de género a un país con más de mil millones de habitantes deseosos de progresar, es que vengan a hacer lo que uno hace. Tan previsible era que ocurrió, y con el paso de los años comenzaron a llegar ciudadanos chinos a tierras españolas para copiar lo que aquí se estaba haciendo. Años más tarde lo mejoraron, evidentemente, y le imprimieron su impronta, a pesar del merchandising.

Comenzaron a ocupar posiciones como importadores, mayoristas y tenderos, en un sector poco o nada profesionalizado. Toda la cadena estaba, y prácticamente está, en sus manos. Los que tenían restaurantes los cambiaron por tiendas y, poco a poco, fueron sumando familiares y amigos a la causa. Comenzó una dura competición que desplazó a la comunidad marroquí y, por supuesto, a la mayoría de los españoles, ocupados en levantar bulos contra ellos y quejarse.

En paralelo, los gobiernos de la nación fomentaron y alentaron el crecimiento de dicho colectivo, mostrándose inactivos ante ciertos abusos, amparados en el libre mercado. Muchos se han librado de sanciones por causa del idioma y de hacer uso de la condición del funcionario, que, al fin y al cabo, va cobrar igual a fin de mes. Aun así, he conocido a muchos más españoles tramposos que chinos. De ahí su fama de grandes cumplidores con los pagos.

El libre mercado es libre cuando existe igualdad de condiciones, no lo olvidemos. Son nuestros gobernantes los que deben velar por poner orden y límites en este sentido, independientemente del signo político, pensando siempre en el bien del ciudadano, que, como tal, se ha ganado su condición, bien por herencia o por aportación con su trabajo.
Pero esto no es más que una variable más con la que hay que jugar. Siempre ha pasado y ¿siempre pasará?

Hoy en día, la importación de ciertos artículos de bazar no merece la pena. Ha subido el nivel de vida en China y ya no cuesta lo mismo fabricar allí para traerlo hasta aquí. La balanza se va equilibrando. No es porque seamos más competitivos, es que ellos viven mejor que antes y hay que pagar más por lo mismo. Es sabido por todos que ya hay fábricas chinas en lugares subdesarrollados de Afríca con el fin de seguir manteniendo bajos costes laborales.

Lo que mucha gente no sabe es que el tendero chino, en la medida de lo posible, compra producto español o comprado por españoles; sencillamente porque lo vende mejor. Es de mejor calidad y se ajusta mejor al cliente final y, como no son tontos, prefieren vender más a tener artículos muy baratos de los que no va a tener repetición.

En algunas familias de productos todavía sigue siendo muy rentable importar de China. De ahí que, desde hace años, los grandes operadores, sobre todo los category killers, trabajen muchas referencias y tengan sus propias líneas de marcas con las que conseguir astronómicos márgenes. Productos que son los mismos que venden los chinos en sus tiendas, algo que el profano no conoce.

Y en este contexto, con esta historia, después de 20 años, más o menos, El Corte Inglés ha reaccionado creando una línea low cost de bazar. ¿Low cost o de todo a cien? Mientras tanto Panrico, anuncia que se lanza de lleno a la fabricación de marca blanca con la intención de salvar el negocio.

¡Bienaventuradas las empresas que reaccionan a los estímulos del mercado! La historia nos ha demostrado que las que lo han hecho a tiempo, les ha ido bien.

Y ustedes, ¿no encuentran paralelismos? 

 

Jaime Sanabria

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