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"Seamos serios con la comunicación sobre los precios de los alimentos", por Felipe Medina (Asedas)

Artículo de Felipe Medina, secretario general técnico de Asedas, incluido en exclusiva en el Anuario de Frutas y Hortalizas 2027 de FRS Food Retail & Service.

Publicado: 19/10/2026 ·17:57
Actualizado: 19/10/2026 · 17:57
  • Felipe Medina, secretario general técnico de Asedas.

La complicada situación geopolítica generada por la guerra en Oriente Medio ha vuelto a poner los precios de los alimentos en boca de todos. Aun así, el dato del IPC ha sido tozudo y, durante todo el primer semestre de 2026, el IPC alimentario no solo no ha subido, sino que ha tirado a la baja del IPC general (junio 2026).

Hemos tenido que esforzarnos para explicar que los motivos por los que algunos productos concretos sí han experimentado incrementos en sus precios no tienen nada que ver con la guerra, sino con cuestiones relacionadas con las campañas, que nunca son iguales porque están sometidas a condicionantes climáticos y de mercado. Al mismo tiempo, otros han bajado de precio, como es normal.

Hemos explicado también que, a pesar de las subidas de los costes en los carburantes, los supermercados y el resto de la cadena se han esforzado por absorber estos sobrecostes y no trasladarlos a precio. La competencia obliga y, en este sentido, los datos también son tozudos: más de 300 empresas autoservicios y supermercados de todos los tamaños se esfuerzan por atraer al consumidor combinando una fórmula que incluye las variables de calidad, surtido, precio y cercanía.

Es normal este seguimiento de los precios si consideramos que el consumidor va una media de tres veces a la semana a hacer la compra. La factura de la electricidad llega una vez cada mes, la del seguro una vez al año, el material escolar se compra al principio del curso… Estos gastos y otros se incrementan continuamente, pero no están de una manera tan recurrente en la mente de las personas.

Los supermercados y el resto de la cadena se han esforzado por absorber estos sobrecostes y no trasladarlos a precio

Respuesta a una inquietud legítima

Por lo tanto, desde la obligación de responder a la inquietud legítima de los consumidores por el precio de los alimentos, debemos ser especialmente responsables y rigurosos a la hora de hablar de este tema. Fiabilidad y validez son dos de los principios que han inspirado el trabajo de Manuel Hidalgo, profesor de economía aplicada de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, que presenta una “Metodología para la comparación precisa de precios origen-destino”.

Cuando saldamos el debate con un porcentaje de incremento de precio entre el campo y la mesa, esta simplificación introduce una distorsión sistemática en el discurso que llega al consumidor y genera desconfianza

El objetivo es aportar rigor científico a un debate que, demasiado a menudo, tiende a simplificar en exceso la complejidad de la formación de los precios de los alimentos, entre otras cosas, invisibilizando todo lo que ocurre entre el campo y el supermercado –hasta 20 eventos ha contabilizado el profesor en algunas cadenas de valor–.

Cuando saldamos el debate con un porcentaje de incremento de precio entre el campo y la mesa, esta simplificación introduce una distorsión sistemática en el discurso que llega al consumidor y genera desconfianza, que es mala para el conjunto del sector. Este pierde la noción del esfuerzo personal, tecnológico y económico que supone, por ejemplo, que un supermercado de A Coruña ofrezca cada día, desde primera hora, fresas de Huelva recogidas del campo apenas 24 horas antes.

Para superar este discurso desinformador, Hidalgo propone el análisis de los cuatro niveles comerciales claramente diferenciados que recogen la complejidad real de las cadenas agroalimentarias. Estos son origen (producción primaria), transformación (manipulación y/o procesado), mayorista (plataformas, distribución y/o logística) y consumidor (venta minorita).

Costes, inversiones e incertidumbres

Todos ellos conforman los diferentes canales de comercialización existentes y resultan absolutamente necesarios para el funcionamiento del sistema alimentario. Todos ellos cargan sobre sus hombros costes crecientes, inversiones necesarias e incertidumbres geopolíticas, climáticas o de otro tipo. Todos ellos, por último, han demostrado a lo largo de las crisis recientes una absoluta responsabilidad y compromiso para construir una de las cadenas alimentarias más eficientes de nuestro entorno en beneficio del consumidor.

Como su propio nombre indica, somos una cadena y todos dependemos de todos. Con el servicio al consumidor como gran objetivo, el esfuerzo por explicarnos mejor y por comunicar con eficiencia, transparencia y rigor científico es muy necesario en un momento en que la información fluye por muchos canales, pero presenta también grandes peligros de distorsión de los mensajes, desinformación y polarización.

 

Felipe Medina

(*) Este artículo está incluido en el Anuario de Frutas y Hortalizas 2027 de FRS Food Retail & Service, una obra exclusiva que ha sido posible gracias al patrocinio de Anecoop, Patatas Meléndez, Nufresco, Orri, Banco Santander y Zespri, y con el apoyo de otras empresas anunciantes. 

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