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Frutas y hortalizas

El sector cooperativo hortofrutícola ante un escenario de creciente complejidad

Artículo de Gabriel Trenzado, director general de Cooperativas Agro-alimentarias de España, incluido en exclusiva en el Anuario de Frutas y Hortalizas 2027 de FRS Food Retail & Service.

Publicado: 20/10/2026 ·12:00
Actualizado: 20/10/2026 · 15:42
  • Gabriel Trenzado Falcón, director general de Cooperativas Agro-alimentarias de España.

Las frutas y hortalizas son uno de los pilares de la agroalimentación española y desempeñan un papel esencial no solo por su peso económico, sino también por su contribución al empleo, la cohesión territorial, la sostenibilidad ambiental y el posicionamiento internacional de España como potencia agroalimentaria. Sin embargo, el sector se enfrenta actualmente a un conjunto de desafíos que ponen a prueba su competitividad y su capacidad de adaptación en un entorno cada vez más complejo.

En este contexto, las cooperativas agroalimentarias desempeñan una función estratégica. Su modelo empresarial permite conectar directamente a los agricultores con los mercados, organizar la oferta y generar respuestas colectivas frente a retos que difícilmente podrían abordarse de forma individual. Este modelo empresarial permite a los productores fortalecer su posición dentro de la cadena alimentaria, generar valor añadido y mejorar su capacidad de inversión e innovación.

Uno de los principales ámbitos de mejora sigue siendo el equilibrio dentro de la cadena alimentaria. La elevada concentración de la distribución comercial ha incrementado su capacidad para imponer condiciones de suministro, requisitos comerciales y exigencias que, en muchos casos, trasladan costes y riesgos hacia el productor.

Las cooperativas agroalimentarias desempeñan una función estratégica. Su modelo empresarial permite conectar directamente a los agricultores con los mercados, organizar la oferta y generar respuestas colectivas

Ante esta situación, las cooperativas han apostado históricamente por la integración empresarial y la concentración de la oferta como herramientas para ganar dimensión, capacidad de negociación y competitividad. La experiencia demuestra que, allí donde los agricultores se organizan y cooperan, las explotaciones ganan estabilidad, resiliencia y capacidad para adaptarse a un mercado cada vez más exigente.

A ello se suma la necesidad de reforzar la comunicación hacia los consumidores. El sector sigue sin una Interprofesional fuerte que impulse la promoción del consumo, la innovación y la divulgación de los beneficios asociados a las frutas y hortalizas. En un momento en el que determinados segmentos de población muestran una tendencia descendente en su consumo, resulta imprescindible trasladar de manera eficaz el valor nutricional, ambiental y social de estos productos.

Reforzar la confianza

En este esfuerzo por acercar el valor de la producción al consumidor, iniciativas como la marca Producto Cooperativo adquieren una relevancia creciente. Este sello garantiza el origen cooperativo de los alimentos y pone en valor el compromiso de agricultores y ganaderos con la calidad, el sabor, la sostenibilidad y el territorio. En un mercado donde los consumidores demandan cada vez más información sobre el origen de los alimentos, la marca Producto Cooperativo refuerza la confianza y visibiliza el modelo empresarial cooperativo.

La incertidumbre económica y geopolítica también está condicionando la evolución del sector. El incremento de los costes de los fertilizantes, energía, transporte y logística ha elevado significativamente los costes de producción durante los últimos años. Aunque parte de estos aumentos puede repercutirse en el mercado, existe una preocupación creciente por el impacto que los precios puedan tener sobre la demanda. Mantener una base sólida de consumidores es fundamental para la viabilidad de un sector cuya fortaleza depende, en gran medida, del consumo continuado de sus productos.

Además, las tensiones comerciales internacionales generan efectos indirectos sobre los mercados europeos. La reorientación hacia la Unión Europea de exportaciones procedentes de terceros países incrementa la competencia y añade presión sobre los productores comunitarios, especialmente en aquellos productos donde la competencia internacional es más intensa.

Competencia equitativa

Precisamente, el comercio internacional constituye otro de los grandes desafíos. El sector hortofrutícola español mantiene una clara vocación exportadora y defiende la apertura de los mercados, pero reclama que esta se produzca bajo condiciones de competencia equitativas. Las organizaciones cooperativas europeas venimos denunciando que numerosos productos importados acceden al mercado europeo habiendo sido producidos con sustancias fitosanitarias prohibidas en la Unión Europea o bajo estándares laborales y medioambientales menos exigentes. Esta situación genera desequilibrios competitivos y refuerza la necesidad de aplicar una verdadera reciprocidad en los acuerdos comerciales.

La preocupación es especialmente intensa en determinados productos sensibles para la producción española, donde el aumento de las importaciones puede provocar importantes perturbaciones de mercado. Por ello, consideramos imprescindible que las instituciones europeas dispongan de mecanismos eficaces de protección y respuesta cuando se produzcan situaciones que comprometan la estabilidad de los productores comunitarios.

A estas dificultades se añade la progresiva reducción de las herramientas fitosanitarias disponibles para los agricultores europeos. Durante los últimos años se han retirado numerosas sustancias activas, mientras aumentan los riesgos derivados de nuevas plagas y enfermedades favorecidas por el impacto del cambio climático y la intensificación de los intercambios comerciales.

Las cooperativas comparten los objetivos de protección ambiental y seguridad alimentaria, pero es igualmente necesario garantizar que los agricultores dispongan de soluciones eficaces para proteger sus cultivos. En este sentido, resulta prioritario avanzar en nuevas herramientas de control biológico, agilizar los procedimientos de autorización y reforzar la coordinación entre los Estados miembros.

La disponibilidad de trabajadores constituye otro de los grandes retos del sector. Muchas producciones hortofrutícolas son intensivas en trabajo y los costes laborales pueden llegar a representar hasta la mitad de los costes totales de producción. A las dificultades para encontrar trabajadores se suma un problema estructural de enorme relevancia: la falta de relevo generacional. La incorporación de jóvenes agricultores resulta cada vez más complicada debido a unas rentabilidades ajustadas y a la creciente incertidumbre que rodea a la actividad agraria.

Innovación tecnológica

Para afrontar este desafío, la innovación, la digitalización y la automatización se perfilan como herramientas esenciales. No solo permiten mejorar la productividad y optimizar recursos, sino que también contribuyen a hacer más atractiva la actividad agraria para las nuevas generaciones.

En este escenario, la Política Agraria Común como una palanca de adaptación sigue siendo un instrumento clave para el futuro del sector hortofrutícola. Los programas operativos de las organizaciones de productores han demostrado durante décadas su eficacia para impulsar inversiones, mejorar la comercialización, fomentar la innovación y avanzar en sostenibilidad. Sin embargo, las propuestas de reforma actualmente en debate generan incertidumbre por la posible reducción de recursos y por una mayor nacionalización de las políticas agrarias.

La innovación, la digitalización y la automatización se perfilan como herramientas esenciales para afrontar algunos de los principales desafíos de los próximos años

Por ello, las cooperativas consideran prioritario mantener el apoyo a estos programas y reforzar las inversiones destinadas a innovación tecnológica, digitalización y automatización. Estas actuaciones serán determinantes para afrontar algunos de los principales desafíos de los próximos años, como la escasez de trabajadores, la adaptación al cambio climático o la creciente competencia internacional.

El liderazgo alcanzado por el sector hortofrutícola español es el resultado de décadas de profesionalización, capacidad de adaptación y cooperación. Mantener el liderazgo del sector exigirá seguir avanzando en integración empresarial, innovación y sostenibilidad, pero también en la capacidad de comunicar al consumidor el valor diferencial de nuestros productos.

Herramientas como la marca Producto Cooperativo contribuyen a acercar el campo a la sociedad, reforzando el vínculo entre quienes producen los alimentos y quienes los consumen, y poniendo en valor un modelo cooperativo comprometido con la calidad, el origen y el desarrollo rural.

 

Gabriel Trenzado

(*) Este artículo está incluido en el Anuario de Frutas y Hortalizas 2027 de FRS Food Retail & Service, una obra exclusiva que ha sido posible gracias al patrocinio de Anecoop, Patatas Meléndez, Nufresco, Orri, Banco Santander y Zespri, y con el apoyo de otras empresas anunciantes. 

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