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Frutas y hortalizas

La "Revolución del Software Verde", por David del Pino

Artículo de David del Pino, consultor internacional, incluido en exclusiva en el Anuario de Frutas y Hortalizas 2027 de FRS Food Retail & Service.

Publicado: 21/10/2026 ·15:36
Actualizado: 21/10/2026 · 15:36
  • Quien entienda la ley de Turgot en la era del software verde estará mejor preparado para lo que viene.

Pues ahora que el Parlamento Europeo ha aprobado las Nuevas Técnicas Genómicas (NGTs), qué mejor que los ecos de un ministro francés del siglo XVIII para explicar lo que hoy se juega el negocio hortofrutícola.

Vamos a viajar casi 250 años atrás, hasta un ministro de finanzas de Luis XVI. Concretamente hasta 1767, con Anne Robert Jacques Turgot, padre de la fisiocracia, que fue el que formuló la ley de los rendimientos decrecientes.

La idea es sencilla y profundamente vigente: la tierra produce más cuando le añadimos factores (capital, trabajo, fertilizante, agua), pero solo hasta cierto umbral. Pasado ese punto, cada unidad adicional rinde menos que la anterior. Es la diferencia entre regar un campo sediento y seguir regando cuando ya está encharcado. Las primeras gotas son milagrosas; las últimas, inútiles o incluso dañinas.

La industria lleva siglos saltándose ese techo. La máquina de vapor, la electricidad, la informática: cada salto tecnológico ha elevado el límite de lo posible. Pero la agricultura arrastra un factor limitante más terco que cualquier fábrica: la tierra. No se puede fabricar más superficie cultivable. Mientras una empresa de software escala casi sin fricción, nosotros dependemos de un recurso finito e inamovible. Esa es la especificidad de nuestro sector, y también su condena malthusiana.

Aunque hay que decir que la agricultura ya superó también ese techo productivo una vez con la "Revolución Verde" original. En los años sesenta, Norman Borlaug y sus colegas desarrollaron variedades de trigo de alto rendimiento y resistentes a enfermedades que, combinadas con fertilizantes, riego y mecanización, multiplicaron las cosechas. La Revolución Verde subió el techo de Turgot varios pisos de golpe: con la misma tierra, de repente, se producía mucho más. La catástrofe demográfica que temía Malthus quedó aplazada.

El problema es que aquel tren se ha ido frenando. No ha parado ni ha vuelto atrás, pero ya no acelera como antes. Y la aritmética asusta: según diversas estimaciones, habrá que producir de un 35% a un 50% más alimentos hasta 2050. Y con las herramientas actuales, sencillamente, no sabemos cómo.

Y aquí entra lo que llamo la "Revolución del Software Verde". Las técnicas de edición genética (agrupadas en torno a la tecnología CRISPR o similares) permiten tratar el ADN de una planta como lo que en el fondo es: un lenguaje de programación. Si el código genético es el "software" del organismo, CRISPR (y otras técnicas) es el hardware que nos deja reescribirlo con precisión quirúrgica.

La analogía informática no es un adorno. Igual que un programador edita líneas de código para cambiar el comportamiento de una aplicación, el biotecnólogo edita secuencias de ADN para modificar un rasgo concreto. ¿Un tomate que no se oxide al cortarlo? Edita el gen de la oxidación. ¿Un plátano resistente a un hongo? Silencia el gen que lo hace vulnerable. Y ya no es ciencia ficción: el champiñón que no pardea fue, en 2016, el primer organismo editado en escapar de la regulación estadounidense de transgénicos. Precisamente porque no se le añadió ADN ajeno. Fue el equivalente a “tachar” una línea de código en lugar de “insertar” una nueva.

Si el código genético es el ‘software’ del organismo, CRISPR (y otras técnicas) es el hardware que nos deja reescribirlo con precisión quirúrgica

El mercado mundial ya tiene ejemplos comerciales: el tomate japonés Sicilian Rouge, enriquecido en Gaba para rebajar la tensión arterial; las manzanas Arctic, que no se oscurecen al cortarse y llevan en el lineal norteamericano desde 2016. Y en Australia ya se ensayan plátanos resistentes a la enfermedad de Panamá, el hongo que amenaza con borrar del mapa a la banana Cavendish.

Eficiencia antes inaccesible

¿Qué significa todo esto en clave de Turgot? La edición genética no añade inputs; reprograma la planta para que aproveche mejor los que ya tiene, resista la adversidad y produzca exactamente lo que necesitamos. Un tomate editado para tolerar la sequía mantiene su cosecha con menos agua; algo que en la España de la sequía no es un detalle, sino la diferencia entre una explotación viable y otra que no lo es. Una lechuga que soporta más calor se cultiva donde antes era imposible. Un pimiento resistente a virus necesita menos tratamientos. En cada caso, recombinamos los factores de producción para alcanzar puntos de eficiencia antes inaccesibles.

La edición genética no añade inputs; reprograma la planta para que aproveche mejor los que ya tiene, resista la adversidad y produzca exactamente lo que necesitamos

Y ante tantas buenas noticas, aquí empieza la parte que me genera tanta curiosidad como inquietud. Si los alimentos se vuelven programables, si el negocio agrícola se vuelve un negocio de tecnología: ¿quién controla el código fuente?

¿Android o IOS de Apple?

Pues la telefonía móvil me sirve de analogía tecnológica. Todos sabemos que existen básicamente dos ecosistemas: Android, abierto y licenciado a muchos fabricantes, e iOS de Apple, cerrado y premium. ¿Quién gana más dinero? Apple, de lejos, porque controla toda la cadena, del diseño al usuario final.

Traslademos eso al campo. Una empresa podría crear variedades y licenciarlas a miles de productores. Otro podría controlarlo todo, del gen al supermercado, mediante una alianza entre biotecnológica y gran distribución. Y la llave de ese nuevo equilibrio de poder son las patentes, tanto del software (las nuevas variedades) como del hardware (las técnicas de edición genética).

Es inevitable pensar que todos estos cambios pueden afectar a todos los integrantes de la cadena de valor actual. Desde los breeders, pasando por la producción e incluso a los retailers. Para el productor tradicional, el riesgo tiene nombre: convertirse en "maquilador". Quien no controle el know-how puede quedar relegado a simple ejecutor, cultivando variedades ajenas bajo contratos cada vez más restrictivos. Es la diferencia entre ser desarrollador de software y ser operario en la cadena de montaje del teléfono: ambos son necesarios, pero el poder de negociación vive en sitios muy distintos.

Quien no controle el know-how puede quedar relegado a simple ejecutor, cultivando variedades ajenas bajo contratos cada vez más restrictivos

Para el resto, es posible que haya un rebalanceo de los equilibrios de poder e incluso que se unan a la fiesta participantes inesperados. Quizás os sorprenda saber que hay un proyecto llamado "Food Computer" en el Instituto Tecnológico de Massachussets financiado por, entre otros, Google. Y es que el premio y el reto de dominar la alimentación de 9.000 millones de personas en 2050 es enorme.

Turgot intuyó que existe un techo a la productividad que solo se supera con saltos cualitativos en la tecnología. Como la imprenta de Gutenberg transformó la transmisión del conocimiento, CRISPR puede transformar nuestra relación con los alimentos. El tren de la historia, como recuerda la ley de Dornbusch, tarda en llegar más de lo que imaginamos, pero cuando llega lo hace más rápido de lo que esperábamos. Europa, rezagada frente a Estados Unidos y el resto del mundo, acaba de subirse a él.

Para los profesionales del sector hortofrutícola el mensaje es claro: las reglas del juego se reconfiguran. Quien entienda la ley de Turgot en la era del software verde estará mejor preparado para lo que viene. Y Turgot, desde su siglo XVIII, nos sigue iluminando el camino.

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*Artículo basado en conceptos del libro “Freshconomics – El libro del Negocio Hortofrutícola” / daviddelpino.com

 

David del Pino

(*) Este artículo está incluido en el Anuario de Frutas y Hortalizas 2027 de FRS Food Retail & Service, una obra exclusiva que ha sido posible gracias al patrocinio de Anecoop, Patatas Meléndez, Nufresco, Orri, Banco Santander y Zespri, y con el apoyo de otras empresas anunciantes. 

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