El origen de Yemas de Santa Teresa se reduce a cuatro ingredientes: yema de huevo, azúcar, agua y un toque de limón. La compañía homónima cimentó su éxito inicial en el producto de repostería del mismo nombre, cuya marca registrada le pertenece, pero ha sabido a adaptarse a un mundo marcado por la inmediatez, la preocupación por la salud y los fármacos para adelgazar.
Las yemas de Santa Teresa son hoy un emblema de Ávila, pero el fabricante ha sabido construir una cartera de productos que comprende cremas, gazpachos y platos preparados, entre otros. Hablamos sobre estas y otras cosas con Carmen Osete, su directora de Marca.
—Yemas de Santa Teresa ha sabido rejuvenecer y expandir un producto tradicional que no siempre viaja bien fuera de su territorio de origen. ¿Cuál es el secreto?
La clave está en saber evolucionar sin perder nuestra esencia. Santa Teresa es una marca con más de 160 años de historia, muy vinculada a la tradición gastronómica de Ávila, que ha sabido adaptarse a los cambios en los hábitos de consumo.
A lo largo de los años hemos evolucionado desde nuestros productos más tradicionales hacia un portfolio mucho más amplio, incorporando nuevas categorías, recetas y formatos que responden a las necesidades del consumidor actual.
—La conveniencia ha sido parte muy importante de esta evolución.
Así es. Hoy buscamos comer bien, disfrutar del sabor y de la calidad, pero también contar con soluciones prácticas que nos faciliten el día a día. Por eso, desarrollamos productos que mantienen nuestra filosofía de elaboración, adaptados a nuevos momentos y ocasiones de consumo.
También hemos evolucionado en nuestra forma de comunicar y conectar con nuevos públicos, acercando la marca a otras generaciones sin renunciar a nuestros orígenes.
—Eso demuestra que tradición e innovación pueden convivir.
Para nosotros, tradición e innovación no son conceptos opuestos. La tradición nos da identidad y la innovación nos permite seguir siendo relevantes.
—El avance de la marca blanca ha estrechado el espacio de los fabricantes en categorías como gazpachos y salmorejos. ¿Cómo se compite frente a eso? ¿Ven un consumidor dispuesto a pagar por el origen, la calidad de los ingredientes y la elaboración?
La marca blanca es una realidad del mercado y ha elevado mucho el nivel competitivo de determinadas categorías. No podemos ignorarlo, pero tampoco consideramos que la respuesta de una marca como Santa Teresa deba ser entrar en una guerra de precios.
Nuestra oportunidad está en ofrecer algo diferente y, sobre todo, en conseguir que el consumidor entienda esa diferencia.
En nuestro caso, apostamos por recetas cuidadas, ingredientes de calidad, elaboraciones que respetan el sabor y productos sin conservantes. Son atributos que forman parte de nuestra manera de entender la alimentación. Sin olvidar la innovación, en cada campaña es necesario ofrecer nuevos motivos de consumo.
—El precio no lo es todo.
Por supuesto, el precio importa, y cada vez más. Pero seguimos viendo consumidores que valoran la calidad, el sabor y la confianza que les transmite una marca.
Nuestro gran reto como fabricantes es precisamente ese: innovar y hacer visible y relevante nuestro valor añadido. No podemos limitarnos a decir que somos mejores; tenemos que conseguir que el consumidor perciba y experimente esa diferencia.
—¿Es posible equilibrar la innovación con la puesta en valor de los productos y recetas tradicionales?
No solo es posible, es imprescindible. En Santa Teresa entendemos la innovación como una forma de evolucionar y encontrar nuevas oportunidades, siempre desde el respeto a nuestra identidad.
Innovar no significa necesariamente cambiar una receta tradicional. También podemos desarrollar nuevos sabores, nuevos formatos, encontrar otras ocasiones de consumo, llegar a canales diferentes o dar nuevas aplicaciones a productos que llevan décadas formando parte de nuestra gastronomía.
Estamos trabajando en formatos profesionales para hostelería, nuevas aplicaciones gastronómicas de nuestros productos y propuestas que nos permitan llegar a otros perfiles
Por ejemplo, estamos trabajando en formatos profesionales para hostelería, nuevas aplicaciones gastronómicas de nuestros productos y propuestas que nos permitan llegar a otros perfiles de consumidores.
La clave está en innovar con sentido, no innovar por innovar. Tenemos un patrimonio gastronómico enorme y nuestra responsabilidad es hacerlo crecer, no diluirlo.
—En los últimos años estamos viviendo un auge de la alimentación saludable, las formulaciones bajas en azúcar y los fármacos para adelgazar. ¿Cómo vive Yemas de Santa Teresa todos estos cambios? ¿Sigue habiendo espacio para la indulgencia en el mundo de hoy?
Estamos viviendo una evolución hacia un consumidor cada vez más consciente de lo que come, que presta mayor atención a los ingredientes, a los procesos de elaboración y a sus hábitos de alimentación. Y lo valoramos como algo muy positivo.
Apostamos por recetas cuidadas, sin conservantes, evitando ingredientes innecesarios que no aportan valor al producto y priorizando elaboraciones que respetan el sabor, alejadas de formulaciones ultraprocesadas
En Santa Teresa siempre hemos defendido que cuidarse y disfrutar de la comida son perfectamente compatibles. Para nosotros, la clave no está solo en seleccionar ingredientes de calidad, sino también en cómo elaboramos nuestros productos. Apostamos por recetas cuidadas, sin conservantes, evitando ingredientes innecesarios que no aportan valor al producto y priorizando elaboraciones que respetan el sabor, alejadas de formulaciones ultraprocesadas.
Y, por supuesto, sigue habiendo espacio para la indulgencia. Disfrutar de un dulce tradicional también forma parte de nuestra manera de entender la alimentación.
No se trata de elegir entre cuidarse o disfrutar, sino de encontrar el equilibrio y saber elegir qué comemos, cómo está elaborado y en qué momento lo consumimos.
—Yemas de Santa Teresa juega un papel fundamental en la fijación de población en Ávila y alrededores. ¿Es una oportunidad o más bien una desventaja a la hora de atraer talento, crecer y competir?
Para nosotros, estar en Ávila es una parte fundamental de nuestra identidad y lo vemos como una fortaleza. Santa Teresa nació aquí hace más de 160 años y mantener nuestras raíces y nuestra actividad vinculadas al territorio forma parte de lo que somos.
Es cierto que estar fuera de los grandes núcleos empresariales plantea algunos retos a la hora de atraer determinados perfiles profesionales, pero también contamos con ventajas que cada vez se valoran más.
Trabajar en una empresa con tanta historia y un gran potencial de crecimiento ofrece oportunidades profesionales muy atractivas.
—¿Por ejemplo?
Somos una compañía con estructuras ágiles, donde la toma de decisiones es rápida y podemos involucrarnos directamente en los proyectos, aportar ideas y ver cómo nuestro trabajo se traduce en resultados reales.
Además, formar parte de una marca en constante evolución, que sigue creciendo y construyendo una nueva etapa, resulta especialmente motivador. La cercanía entre los equipos, la posibilidad de asumir responsabilidades y de participar activamente en esa transformación hacen que la experiencia profesional sea muy enriquecedora.
Al final, no todos buscamos desarrollar nuestra carrera en una gran multinacional. También valoramos poder dejar huella, crecer con la empresa y sentir que formamos parte de un proyecto cercano y con futuro.