El Horno de Segovia abre sus puertas en pleno centro histórico de esta ciudad con un restaurante, situado entre el acueducto y la catedral, que ocupa un edificio histórico cuya rehabilitación ha recuperado su carácter original para convertirlo en un espacio donde cocina, arquitectura e interiorismo se integran con la historia de la ciudad.
"Desde el edificio que lo alberga hasta los materiales, los oficios, el producto y la manera de cocinar, todo responde al objetivo de acercar la ciudad al comensal a través de la gastronomía", señala la compañía.
La propuesta gastronómica gira en torno al horno de leña y a una carta de diez elaboraciones concebida para trabajar diariamente con producto fresco y de temporada. La decisión de reducir la carta responde a una forma de entender la cocina basada en la elaboración diaria y el respeto por el producto. Este planteamiento permite a la firma preparar prácticamente todos los platos el mismo día, trabajar con proveedores de proximidad que abastecen el restaurante casi a diario y minimizar las mermas.
Junto con el cochinillo de Segovia, con Indicación Geográfica Protegida, la carta recorre otros platos de la cocina castellana con un marcado sello de la casa. La morcilla de Aranda, uno de los símbolos gastronómicos de Burgos y la Ribera del Duero, y el torrezno, del que el restaurante ha hecho una seña de identidad propia, conviven con dos escabechados de elaboración propia, de salmón y de verdel, que actualizan una técnica muy arraigada en Castilla y León.
Todos los vinos que acompañan la carta proceden de Castilla y León, origen que comparten también los licores de los combinados. El servicio se cierra con el café de puchero y un bocado de ponche segoviano, el postre más icónico de la ciudad, que el restaurante ofrece de cortesía a todos los comensales y que elabora en exclusiva uno de los obradores más antiguos de Segovia.

Interior y platos del nuevo restaurante El Horno de Segovia.
RECUPERACIÓN DE ELEMENTOS ORIGINALES
El Horno de Segovia ocupa así uno de los establecimientos comerciales más antiguos de Segovia. El proyecto de rehabilitación ha recuperado elementos originales ocultos durante décadas, respetando la estructura de madera, los muros de piedra, las carpinterías y otros materiales que forman parte de la historia del edificio.
"No queríamos construir un restaurante nuevo, sino descubrir el que el edificio llevaba años escondiendo. El proyecto ha consistido en recuperar su identidad y dejar que fuera la propia historia del lugar la que marcara el camino", explica la interiorista segoviana Elisa Barrios, responsable del proyecto.
Vidrio de la Real Fábrica de Cristales de La Granja, textiles tradicionales elaborados en Bernardos, mobiliario realizado con madera recuperada y piezas procedentes de anticuarios locales conviven con una reinterpretación contemporánea de los esgrafiados segovianos y diferentes guiños a la historia de la ciudad. Entre ellos destaca una instalación artística de cerdos voladores que recorre el espacio como homenaje al producto más representativo de la gastronomía segoviana.
El recorrido finaliza con otro guiño a la memoria del lugar: el lema 'Bien comido... bien cocinado', inspirado en la historia de la calle donde se ubica el restaurante y reinterpretado como una declaración de intenciones que conecta el pasado del edificio con su nueva etapa.