Bruselas es el centro de la actividad regulatoria no solo de nuestro sector, sino de la política económica de la Union en términos generales. Esta afirmación, aparte de cierta, tiene un sentido profundo y es el de nuestra dependencia de lo que allí se decide, el carácter estratégico de ese centro de decisiones.
Pero no solo es un factor estratégico. En los últimos años se ha vuelto esencialmente crítico, porque tanto envite –sanitario, logístico, comercial, bélico– está machacando el entorno del negocio y al negocio mismo. Es ese contexto general que se define como algo que no está en los balances, pero que sí afecta a la cuenta de resultados.
El problema es que, a pesar de la importancia y la necesidad, no parece que el sistema bruselense esté siendo sensible a la urgencia del cambio. Y no será porque no se han hecho sesudos informes para buscar las soluciones a este agarrotamiento que nos atenaza y que deja siempre la acción por detrás de los acontecimientos.
Reseteo profundo
La preocupación es seria, porque la Unión Europea necesita un reseteo a fondo, un replanteamiento profundo si no queremos perdernos en ese análisis y quedarnos en la nada. Quizás baste con pocos cambios, pero enérgicos, profundos, para salir de este impasse y, a mi juicio, bien podría empezarse por los siguientes:
1. Necesitamos un cambio de actitud por parte de los Estados miembros. En la severa crisis que afrontamos, seguir mirándose al ombligo es suicida, así que temas como la política exterior o la fiscalidad deben de adoptarse por mayoría cualificada, porque la unanimidad no sirve para avanzar.
2. Volver a lo básico. El mercado interior ha sido la clave de nuestra integración, el factor de éxito de una economía abierta y competitiva. Si dejamos que los países sigan regulando a sus anchas y obstaculizando mercados comunes, no progresaremos. Hay que recortar legislación, simplificarla, allanarla… Es la única manera de acabar con ese arancel del 45% que nos hemos autoimpuesto a base de barreras internas, como apunta Draghi.
3. Legislar menos, pero también mejor. No puede regularse sin haber analizado con anterioridad el impacto real de la propuesta, y menos sacarse conejos de la chistera sin consultar a los interesados. Previsión, transparencia, debate.
4. Acabar la Union Económica y Monetaria. No podemos seguir con una política monetaria abierta en canal, y menos ahora, que se habla de un dólar débil. Si queremos ser referencia monetaria global, que los mercados crean en Europa y fortalecer nuestra financiación, tenemos que cerrar la arquitectura de la UEM.
5. ¿Dónde están los unicornios europeos…? Sin comentarios. Nos urgen grandes compañías, no de Europa, sino europeas, en sectores punteros, que hablen de tú a tú a las norteamericanas y asiáticas.
6. Si quitamos obstáculos en el mercado interior, podremos crecer de manera sostenida, pero no podemos olvidar que la Unión Europea es el primer exportador mundial de servicios y productos manufacturados. No podemos perder esta posición, y ello pasa por ahondar en nuestros acuerdos comerciales con el resto del mundo. Es la única forma de amortiguar la errática (y peligrosa) política arancelaria de Trump.
Seguro que el avezado lector tiene alguna otra propuesta que sumar a esta lista, pero quizás con las que avanzo podemos conformarnos. Lo importante es que haya voluntad política, porque, si la hay, luego las soluciones técnicas –y de financiación– se buscan y se encuentran.
Lo malo es que sigamos paralizados en el análisis… Así no llegaremos a ningún sitio, y en este nuevo mundo eso es sinónimo de descolgarse de la cabeza del pelotón.
Horacio González Alemán
(*) Este artículo está incluido en el Anuario de la Innovación 2026 de FRS Food Retail & Service, una obra exclusiva que ha sido posible gracias al patrocinio de Campofrío, Central Lechera Asturiana (Grupo), Coca-Cola, Juver, Shopadvizor y Winche, y con el apoyo de otras empresas anunciantes.
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