Tiendas autónomas, sin empleados de caja, con surtidos muy afinados y en ubicaciones de mucho tránsito, como estaciones de servicio o aeropuertos: esta es la receta de Big Fish, la enseña catalana de Grupo Moure que suma ya diez establecimientos y prevé dar el salto al conjunto de España en el próximo año.
El mercado de la ultraconveniencia crece con rapidez, impulsado por las nuevas tendencias de consumo, pero aún suscita interrogantes. Recientemente Amazon dio marcha atrás a su experimento Go; Carrefour, por su parte, ha lanzado Buybye, pero circunscrito a hoteles. Hablamos sobre estos y otros temas con Clàudia Puig, la CEO de Big Fish, una joven directiva que sitúa su propuesta a medio camino entre la máquina de vending y el supermercado convencional. "En el futuro, podrá hacerse la compra completa", asegura.
—Antes de nada, me gustaría entender bien cómo funcionan vuestras tiendas autónomas.
Bien, es sencillo: el cliente introduce su número de teléfono y su tarjeta bancaria, el sistema realiza una pequeña retención y a continuación se abre la puerta de entrada. Cuando sale por la puerta de salida (por el momento, las dos están diferenciadas), se le cobra automáticamente y recibe el ticket en su móvil. Sin necesidad de descargar ninguna aplicación; queremos que el proceso sea lo más sencillo posible.
—En el pasado las tiendas autónomas han experimentado varios tipos de problemas. Por ejemplo, ¿qué ocurre si alguien coge un producto y después decide no comprarlo, o lo deja en una estantería equivocada?
Nuestra tecnología detecta qué productos se lleva el cliente cuando sale de la tienda. Si coge algo y después lo deja en su sitio, no se le cobra. Si lo coloca en una estantería equivocada, el sistema nos avisa de que ese producto está fuera de lugar y nos indica dónde se encuentra. Combinamos cámaras en tienda con sensores de peso en las estanterías, lo que nos permite tener una información mucho más fiable que otros sistemas.
En 2027 queremos duplicar el tamaño de Big Fish, tanto en tiendas como en facturación
—Otro problema habitual son las roturas de stock, ¿cómo gestionáis las reposiciones?
Tenemos operarios y reponedores que acuden a las tiendas durante un horario determinado, que depende del tamaño y de las necesidades de cada establecimiento. No hace falta que haya alguien ocho horas al día. El sistema nos avisa cuando queda poco producto en el almacén y nos facilita la gestión de los pedidos. De momento, no hemos tenido roturas de stock.
—Actualmente tenéis diez establecimientos, pero vuestros planes de expansión son muy ambiciosos.
Así es. En 2027 queremos duplicar el tamaño de Big Fish. Nuestra previsión es abrir cinco tiendas con un modelo híbrido, que combine una zona autónoma con otra tradicional, asistida por personas, y dos establecimientos autónomos adicionales. Estamos trabajando también en nuevas oportunidades en aeropuertos, donde las aperturas dependen de concursos, como sabes. El objetivo es duplicar la facturación en 2027.
—¿En qué ubicaciones abriréis las nuevas tiendas?
Pues empezamos en estaciones de servicio, aprovechando que Grupo Moure cuenta con este tipo de instalaciones, pero estamos extendiendo nuestras tiendas a otros espacios, como electrolineras y, recientemente, el aeropuerto de Barcelona. También acabamos de aterrizar en Madrid. Eso sí, buscamos ubicaciones con mucho tráfico, donde las personas necesiten resolver algo rápidamente. Queremos seguir creciendo en aeropuertos y probar en estaciones de tren, además de explorar otras ubicaciones urbanas.
—Has mencionado también un modelo híbrido, entre autónomo y asistido por personas. ¿Consideráis que las tiendas autónomas no pueden llegar a todo?
Bueno, la gente tiene sus costumbres y sigue valorando que haya una persona atendiendo. Por eso queremos abrir espacios más grandes con una zona disponible las 24 horas, sin personas, con los productos esenciales, y otra convencional con más surtido. Además, la tecnología funciona mejor en espacios reducidos.
Si eliges bien el surtido y los productos tienen salida, la caducidad de los frescos no tiene por qué ser un problema
—Vuestra tienda del aeropuerto de Barcelona tiene 60 metros cuadrados, pero hasta la fecha vuestros establecimeintos tenían en torno a 20 metros cuadrados. ¿Cómo adaptáis la oferta a cada ubicación?
Estudiamos qué hay alrededor y qué necesidades no están cubiertas. En la T2 del aeropuerto de Barcelona no había una oferta disponible las 24 horas, así que incorporamos productos de viaje, parafarmacia, lectura y pasatiempos, además de comida preparada. En nuestras tiendas más pequeñas podemos ofrecer unas 250 o 300 referencias; en una de 60 metros cuadrados llegamos a unas 750.
—¿Hay espacio para los productos frescos en este modelo?
En el aeropuerto hemos probado sándwiches, wraps de pollo y otros platos preparados que tienen una vida útil de seis o siete días, y la experiencia está siendo buena. Si eliges bien el surtido y los productos tienen salida, la caducidad no tiene por qué ser un problema. Queremos ofrecer comida fresca, no productos preparados con conservantes. Además, contamos con varios almacenes logísticos que abastecen a las tiendas de cada zona.
Nuestra idea es situarnos entre la máquina de vending y la tienda convencional. En una máquina no puedes tocar el producto, comprobarlo o decidir si finalmente te lo llevas
—¿Cómo ves el futuro de la ultraconveniencia y la competencia de nuevos operadores?
Creemos que las tiendas autónomas van a seguir creciendo y que cada modelo encontrará su espacio. Nuestra idea es situarnos entre la máquina de vending y la tienda convencional. En una máquina no puedes tocar el producto, comprobarlo o decidir si finalmente te lo llevas. Nosotros ofrecemos esa posibilidad, pero además con una compra automática que completarse en un minuto. En el futuro, seguro que se podrá hacer la compra completa; ahora estamos centrados en resolver necesidades inmediatas, aunque Big Fish pueda evolucionar hacia un formato más parecido a un supermercado.