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SECTOR FMCG

Cuando la cadena innova como ecosistema: el nuevo paradigma del sector

Artículo de Miguel Hernández, director general del Institut Cerdà, incluido en exclusiva en el Anuario de la Innovación 2026 de FRS Food Retail & Service.

Publicado: 15/06/2026 ·12:49
Actualizado: 15/06/2026 · 12:49
  • El foco de la innovación se ha desplazado progresivamente desde el producto hacia el proceso.

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En los últimos años, la cadena de Gran Consumo ha entrado en una nueva etapa marcada por la creciente complejidad de los retos que afronta. La transición energética, la adaptación al cambio climático, la regulación, las disrupciones en la cadena de suministro o las expectativas del consumidor están transformando profundamente el entorno en el que operan las empresas del sector, empujándolas hacia nuevas formas de innovar.

A diferencia de etapas anteriores, muchos de estos desafíos no pueden abordarse desde un único eslabón de la cadena ni mediante iniciativas aisladas: los avances en sostenibilidad requieren una acción coordinada; la implementación de nuevas soluciones digitales obliga a las compañías a apoyarse en socios tecnológicos; la acción social se entiende cada vez más desde una perspectiva multidimensional, y el consumidor exige mucho más que una buena relación calidad‑precio.

En este contexto, la innovación en Gran Consumo ha adoptado una lógica sistémica que surge como resultado de la interacción entre proveedores, distribuidores, centros tecnológicos y administraciones públicas. En este modelo, la colaboración, el intercambio de conocimiento y la coordinación entre actores se convierten en condiciones necesarias para abordar retos que superan el ámbito de actuación de cualquier organización por separado.

Desde 2018, el Observatorio de Innovación en Gran Consumo ha sido testigo de este cambio de paradigma. A medida que los retos del sector se han vuelto más complejos, las empresas han ido reorientando también sus prioridades de innovación. Hoy, la implementación de nuevas herramientas y tecnologías se sitúa como la principal prioridad innovadora para el 42% de las compañías del sector, seguida por la optimización de operaciones y procesos (35%) y la mejora de los productos existentes (33%).

En paralelo, el foco de la innovación se ha desplazado progresivamente desde el producto hacia el proceso: en la industria, por ejemplo, el peso de las innovaciones centradas en producto ha caído en 9 puntos porcentuales desde 2018, reflejando una innovación cada vez más orientada a transformar cómo funciona la cadena, y no solo qué productos llegan al mercado.

En apenas unos años, la colaboración ha pasado de ser un rasgo minoritario a convertirse en una de las características más habituales en muchas de las iniciativas innovadoras del sector

No es casualidad que el reflejo más claro de esta evolución sea el peso creciente de las innovaciones colaborativas: en la primera edición del Observatorio representaban el 21% de los casos analizados y hoy alcanzan el 48%. En apenas unos años, la colaboración ha pasado de ser un rasgo minoritario a convertirse en una de las características más habituales en muchas de las iniciativas innovadoras del sector.

Fuerzas que empujan la innovación sistémica

A lo largo de sus nueve ediciones, el Observatorio ha identificado cuatro grandes motores que están impulsando esta transformación: sostenibilidad, eficiencia de la cadena, foco en el consumidor y cohesión social y territorial. Cada uno de ellos tiene una característica común: requieren respuestas colectivas.

1. Sostenibilidad: de iniciativa individual a responsabilidad compartida. La descarbonización, la gestión del agua, la protección de la biodiversidad o la circularidad de los materiales ya no pueden abordarse desde una sola empresa ni desde un único punto de la cadena.

Reducir el impacto ambiental de un producto depende de decisiones que se toman en múltiples fases: desde las prácticas agrarias hasta el procesado industrial, el diseño del envase, la logística o la gestión del residuo. En este contexto, la innovación pasa necesariamente por coordinar acciones entre distintos actores y compartir información a lo largo de toda la cadena y, por lo tanto, del conjunto del ciclo de vida del producto.

Un buen ejemplo es Navarra 360, una iniciativa público‑privada coordinada por EIT Food junto con más de 30 agricultores y empresas como Danone para promover la agricultura regenerativa a gran escala. De esta manera, es posible sumar capacidades y recursos para transformar más de 3.000 hectáreas, dando paso a una agricultura más sostenible y eficiente.

2. La eficiencia como condición de competitividad. El Gran Consumo es un sector extremadamente competitivo, acostumbrado a trabajar con márgenes estrechos, donde la eficiencia es una de las claves para la supervivencia. En este contexto, las tensiones recientes –costes energéticos, volatilidad de materias primas o cambios regulatorios– han intensificado aún más la necesidad de optimización a lo largo de toda la cadena.

Mejorar esa eficiencia ya no depende únicamente de lo que haga cada empresa por separado: requiere coordinar decisiones entre fabricantes, distribuidores y proveedores. La digitalización –mediante herramientas de análisis de datos, automatización o inteligencia artificial– permite precisamente integrar información, anticipar la demanda, optimizar la logística y reducir mermas a escala de sistema.

El Portal Tornillo es un caso claro, una plataforma digital desarrollada por Mercadona que permite a la compañía y a sus proveedores acceder en tiempo real a información clave de los productos –incidencias, aprovisionamiento o ventas–. Gracias a este sistema, distribuidor y proveedor pueden anticipar necesidades, coordinar mejor sus operaciones y trabajar con un nivel de transparencia inédito en el sector.

3. Un consumidor más exigente y cambiante. Responder a las necesidades del consumidor siempre ha sido clave en el Gran Consumo, pero en los últimos años estas se han vuelto más complejas. A las demandas tradicionales de calidad y sabor se suman nuevas expectativas relacionadas con la salud, la transparencia, la sostenibilidad o la conveniencia, lo que obliga a integrar conocimiento científico, desarrollo tecnológico y capacidad industrial para trasladarlas al mercado.

La startup Nucaps ha desarrollado Nupro, una solución que permite proteger las propiedades de los probióticos durante el procesado de alimentos. Esta innovación ha permitido a compañías como Pascual incorporar estos microorganismos vivos en nuevos productos, como sus barritas energéticas, respondiendo así a la demanda de un consumidor cada vez más exigente en materia de salud y funcionalidad de los alimentos.

4. Cohesión social y territorial: innovación con impacto en el territorio. El Gran Consumo tiene una dimensión social y territorial fundamental en la economía española: se vincula a cerca de la mitad del territorio nacional y a más del 10% del empleo, siendo responsable del abastecimiento de productos esenciales y de uso diario.

En este contexto, innovar en el sector también implica reforzar la conexión entre el territorio, la producción agraria y el resto de los eslabones de la cadena. Esto se traduce en iniciativas orientadas a mejorar la rentabilidad de las explotaciones, la empleabilidad de colectivos vulnerables, facilitar el relevo generacional o desarrollar nuevos modelos de colaboración entre productores, industria y distribución.

El Gran Consumo entra en una fase más madura de innovación: menos centrada en la novedad puntual y más en la construcción de sistemas capaces de adaptarse continuamente

El Mercado Escuela de San Cristóbal es un proyecto impulsado por el Ayuntamiento de Madrid y Cesal (ONG de cooperación internacional y acción social) para recuperar el mercado municipal como espacio de formación e inclusión. La iniciativa combina formación en oficios vinculados al comercio alimentario con programas de inserción laboral dirigidos a personas en situación de vulnerabilidad. Además de revitalizar un mercado de barrio, el proyecto conecta a distribuidores, comerciantes, entidades sociales y administraciones públicas en torno a un objetivo común: generar oportunidades económicas y reforzar el tejido social local.

Innovar como ecosistema

La innovación sistémica no significa que desaparezca la iniciativa empresarial individual. Significa que el valor surge cada vez más de la interacción entre agentes y de la capacidad de coordinar decisiones a lo largo de toda la cadena.

El Gran Consumo entra así en una fase más madura de innovación: menos centrada en la novedad puntual y más en la construcción de sistemas capaces de adaptarse continuamente.

En un entorno cada vez más complejo, esa capacidad de adaptación colectiva será, probablemente, la verdadera ventaja competitiva del Gran Consumo en los próximos años.

Miguel Hernández

(*) Este artículo está incluido en el Anuario de la Innovación 2026 de FRS Food Retail & Service, una obra exclusiva que ha sido posible gracias al patrocinio de CampofríoCentral Lechera Asturiana (Grupo), Coca-ColaJuverShopadvizor y Winche, y con el apoyo de otras empresas anunciantes. 

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