Durante más de cincuenta años, el código de barras ha sido uno de los pilares invisibles del comercio moderno. Desde su primera lectura en un supermercado en 1974, el tradicional EAN lineal ha permitido automatizar inventarios, acelerar los procesos en caja y estandarizar la identificación de productos a escala global. Su impacto ha sido tan profundo que resulta difícil imaginar el funcionamiento actual del retail sin esta tecnología.
El código de barras no solo transformó la operativa en tienda, sino que también permitió el desarrollo de complejas cadenas de suministro globales, donde millones de productos pueden ser rastreados, almacenados y distribuidos con precisión. Gracias a este sistema, fabricantes, distribuidores y minoristas han compartido un lenguaje común durante décadas.
Sin embargo, ese mismo estándar presenta hoy limitaciones evidentes. En un entorno donde los consumidores demandan más información y las regulaciones exigen mayor transparencia, el código de barras tradicional –capaz únicamente de almacenar un identificador numérico– se ha quedado corto. La necesidad de evolucionar ya no es una opción, sino una condición para adaptarse a un mercado cada vez más digitalizado.
Programa Sunrise 2027
El movimiento global se articula en torno a una iniciativa impulsada por la organización de estándares GS1, que ha bautizado este proceso como "Sunrise 2027". El objetivo es claro: para finales de 2027, los sistemas de punto de venta de los retailers deberán ser capaces de escanear códigos bidimensionales compatibles con el estándar GS1 Digital Link.
Este programa no implica una sustitución inmediata del código de barras tradicional, sino una transición progresiva hacia un sistema más avanzado. La clave está en la interoperabilidad: durante varios años, ambos formatos convivirán para garantizar que todos los actores de la cadena puedan adaptarse sin fricciones.
Aunque no se trata todavía de una obligación legal en Europa, el compromiso sectorial es significativo. Grandes cadenas de distribución, fabricantes multinacionales y proveedores tecnológicos están alineando sus estrategias para cumplir con este horizonte. La iniciativa también busca evitar la fragmentación del mercado, estableciendo un estándar común que facilite la adopción a escala global.
Del código de barras al pasaporte digital
La principal diferencia entre el código de barras tradicional y los nuevos códigos 2D es su capacidad de información y su flexibilidad. Mientras que el EAN clásico solo identifica el producto mediante un número, los QR basados en Digital Link pueden incorporar múltiples capas de datos.
Entre la información que pueden contener se incluye el número de lote, la fecha de caducidad, el origen del producto, certificaciones de sostenibilidad, instrucciones de reciclaje o incluso enlaces dinámicos a contenido digital actualizado en tiempo real. Esto convierte al código en una herramienta multifuncional que va mucho más allá de la simple identificación.
En la práctica, esto significa que un mismo código puede servir simultáneamente para varios actores de la cadena de valor. El sistema de caja del supermercado puede extraer el identificador del producto para gestionar la venta, mientras que el consumidor puede escanear ese mismo código con su móvil y acceder a información ampliada sobre ingredientes, alérgenos, promociones o trazabilidad.

Los QR basados en Digital Link pueden incorporar múltiples capas de datos.
El código de barras deja de ser solo un identificador del producto para convertirse en una puerta de entrada a un ecosistema digital de información.
Retailers europeos en fase piloto
La transición ya ha comenzado en varios mercados europeos, donde distintos retailers están llevando a cabo pruebas piloto para evaluar el impacto de los códigos bidimensionales en entornos reales.
Estas pruebas no solo se centran en la capacidad de lectura en caja, sino también en aspectos operativos como la gestión de inventarios, la reducción de errores, la mejora en la trazabilidad o la interacción con el consumidor. En muchos casos, los proyectos incluyen la colaboración directa con fabricantes, lo que permite testar el sistema de extremo a extremo.
Los resultados preliminares apuntan a mejoras significativas en eficiencia y visibilidad. Por ejemplo, la posibilidad de incorporar información de lote y caducidad directamente en el código permite optimizar la gestión de productos perecederos, reduciendo desperdicios y mejorando la rotación en tienda.
Además, los retailers están explorando nuevas formas de relación con el cliente. A través de los códigos QR, pueden ofrecer promociones personalizadas, contenido educativo o experiencias de marca directamente desde el lineal, sin necesidad de aplicaciones adicionales.
España comienza a explorar la tecnología
En España, el proceso todavía se encuentra en fases iniciales, aunque el interés del sector es creciente. Varias compañías han comenzado a participar en iniciativas piloto o grupos de trabajo para evaluar la implementación de esta tecnología.
El foco está tanto en la mejora de la trazabilidad como en las oportunidades de comunicación directa con el consumidor. En un mercado altamente competitivo, donde la diferenciación es clave, los códigos inteligentes ofrecen una vía para enriquecer la experiencia de compra y aportar valor añadido más allá del producto en sí.
También existe un interés estratégico en anticiparse a futuras exigencias regulatorias. Adoptar estos estándares desde etapas tempranas puede facilitar el cumplimiento normativo y evitar costes adicionales en el futuro.
Los fabricantes también se preparan
La transformación no depende únicamente de los retailers. Para que el nuevo sistema funcione, los fabricantes de productos de gran consumo deben adaptar sus envases, sus sistemas de etiquetado y, en muchos casos, sus líneas de producción.
Esto implica inversiones en tecnología, rediseño de packaging y actualización de sistemas de información. Además, requiere una coordinación estrecha con distribuidores y proveedores logísticos para garantizar que los datos asociados a los productos sean consistentes y estén correctamente integrados.
Muchas grandes compañías ya han iniciado este proceso, generalmente a través de proyectos piloto o implementaciones limitadas. Estas primeras experiencias permiten identificar retos técnicos, ajustar procesos y evaluar el retorno de la inversión antes de una adopción masiva.
Entre los beneficios esperados destacan una mayor visibilidad de la cadena de suministro, la posibilidad de gestionar retiradas de producto de forma más eficiente y la capacidad de ofrecer información más transparente al consumidor.
El impulso regulatorio europeo
Más allá de la innovación tecnológica, el cambio está fuertemente influido por la agenda regulatoria de la Unión Europea. En los próximos años, diversas normativas exigirán mayores niveles de transparencia, trazabilidad y sostenibilidad en los productos de consumo.
Uno de los proyectos más relevantes es el pasaporte digital de producto, una iniciativa que busca proporcionar información detallada sobre el origen, la composición y el ciclo de vida de los productos. Este sistema permitirá a consumidores, autoridades y empresas acceder a datos clave de forma sencilla y estandarizada.
Los códigos QR basados en GS1 Digital Link se perfilan como una de las principales herramientas para acceder a este tipo de información. Su capacidad para enlazar con contenidos dinámicos los convierte en un puente natural entre el producto físico y los sistemas digitales que sustentan estas nuevas exigencias.
Además, la digitalización de la información puede contribuir a objetivos más amplios, como la economía circular, al facilitar el reciclaje, la reutilización y la gestión eficiente de recursos.
Una transformación gradual del supermercado
Pese a la ambición del proyecto, la transición no será inmediata ni uniforme. Durante varios años convivirán los códigos de barras tradicionales con los nuevos códigos bidimensionales, lo que obligará a los retailers a gestionar entornos híbridos.
El objetivo de 2027 no es eliminar el EAN actual, sino garantizar que los sistemas de caja puedan leer también los nuevos formatos. Esta coexistencia permitirá una adopción progresiva, reduciendo riesgos y permitiendo a las empresas adaptarse a su propio ritmo.

El periodo de convivencia entre tecnologías permitirá una implantación progresiva.
A medida que los retailers actualicen sus escáneres y los fabricantes modifiquen sus envases, los códigos inteligentes irán ganando presencia en los lineales. Inicialmente, es probable que se utilicen en categorías específicas o productos de alto valor añadido, antes de extenderse al conjunto del surtido.
Más allá del retail: nuevas oportunidades
La evolución del código de barras también abre la puerta a innovaciones en otros ámbitos. En logística, por ejemplo, la mayor cantidad de información disponible puede mejorar la planificación, reducir errores y optimizar rutas de distribución.
En el ámbito del marketing, los códigos QR inteligentes permiten crear experiencias más ricas y personalizadas, integrando el canal físico con el digital. Las marcas pueden adaptar el contenido al perfil del consumidor, su ubicación o el momento de la compra.
Incluso en áreas como la seguridad alimentaria, estos sistemas pueden jugar un papel clave, facilitando la identificación rápida de productos afectados en caso de alertas sanitarias.
Un cambio silencioso profundo
Si el proceso culmina como prevé la industria, el humilde código de barras experimentará una transformación profunda. Lo que durante décadas ha sido un simple identificador pasará a convertirse en una infraestructura digital clave para el comercio del siglo XXI.
Se trata de un cambio silencioso, que probablemente pasará desapercibido para muchos consumidores en sus primeras fases, pero cuyas implicaciones serán significativas. Desde la eficiencia operativa hasta la transparencia informativa, pasando por la experiencia de compra, el impacto será transversal.
En definitiva, la evolución hacia códigos inteligentes no es solo una mejora tecnológica, sino un paso más hacia la digitalización integral del retail, donde cada producto no solo se vende, sino que también comunica, informa y conecta.
Luis Miguel Espejel
(*) Este artículo está incluido en el Anuario de la Innovación 2026 de FRS Food Retail & Service, una obra exclusiva que ha sido posible gracias al patrocinio de Campofrío, Central Lechera Asturiana (Grupo), Coca-Cola, Juver, Shopadvizor y Winche, y con el apoyo de otras empresas anunciantes.
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