El reloj corre. La fecha legal para su implantación sigue marcada en noviembre de 2026 y, mientras Europa endurece objetivos de recogida separada y circularidad, España encara uno de los mayores cambios estructurales que ha vivido nunca en la gestión de envases. ¿Está el país preparado? La respuesta varía según quién la formule, pero todos coinciden en algo: el margen de tiempo es cada vez más estrecho y, aunque el proceso se está haciendo en el marco de la legislación vigente, aún son muchos los interrogantes en torno a un complejísimo engranaje que sigue buscando su forma definitiva para hacer encajar todas las piezas.
Antonio Romero, gerente de SDDR en Aecoc, define el momento actual como una fase de transición normativa compleja. "El proceso sigue en fase de adaptación entre el Real Decreto 1055/2022 de envases y residuos de envases y el Reglamento (UE) 2025/40, con la entrada inminente de la aplicación del Reglamento europeo en agosto de 2026", explica. Y añade un matiz importante: "El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, por lo que consta, está manos a la obra para sacar adelante un borrador, pero aún no conocemos en qué fecha estará el texto disponible".
Según explica Romero, esa falta de claridad no debe servir de freno "para avanzar en ciertos procesos del sistema, sobre todo en aquellos aspectos que son coincidentes ambas normativas", pero "sigue condicionando decisiones clave", como el modelo de operador o las reglas del sistema, "lo que impacta directamente en la capacidad de las empresas para planificar inversiones con seguridad jurídica".
No parece ser este un detalle menor. El sistema obligará a reorganizar logística, infraestructuras, operativas en tienda, flujos de materiales y modelos de financiación. Y todo ello, además, en un país que gestiona cerca de 18.000 millones de envases de bebidas al año. Sin embargo, la diferencia de enfoque entre los distintos actores del sector resulta significativa. Mientras parte de la industria insiste en que todavía faltan piezas esenciales para construir el modelo definitivo, desde otras organizaciones se percibe que el debate técnico corre el riesgo de convertirse en una herramienta dilatoria que carece de sentido.
Al respecto, el fundador y presidente de Recircula, Eusebio Martínez de la Casa, asegura que "nuestro Real Decreto 1055/2022 no es ni mucho menos incompatible con el Reglamento europeo; todo lo contrario, nuestra legislación es más prolija y tiene muchas más herramientas". Y va un paso más allá: "Cuando tengamos el 12 de agosto el Reglamento europeo, no aportará nada ni tirará para atrás lo que hay. El Reglamento aporta a países que todavía no han empezado el proceso, como Bélgica, Italia o Francia, pero los países como España, que ya tenemos legislación propia y un marco normativo desarrollado para la implantación del SDDR, no necesitamos esperar a nada, aunque haya quien pueda estar jugando a eso", sostiene.
En su opinión, el argumento regulatorio no debería servir en ningún caso para ralentizar el despliegue. Y como muestra hace referencia al caso de Portugal, que el pasado 10 de abril ponía en marcha su SDDR en el tiempo récord de un año y medio, y en un contexto igualmente complejo.
Un sistema inevitable… pero aún sin forma definitiva
La sensación de inevitabilidad –y conveniencia– atraviesa ya todo el sector. También desde Retorna, históricamente una de las entidades más activas en defensa del sistema. Su director, Miquel Roset, considera que España "va en la dirección correcta", aunque cree que el proceso necesita mucha más velocidad. "Hay muchos colectivos, empresas y sectores que quieren ponerlo en marcha cuanto antes y que sea un sistema eficiente y capaz de cumplir sus objetivos", afirma.
Pero inmediatamente introduce el principal problema: "Siguen existiendo algunos actores que continúan buscando razones para no activarlo, y esa fase ya quedó atrás. La ley es clara: el sistema de depósito tiene que ponerse en marcha". Roset es especialmente contundente en este punto: "No podemos instalarnos en la idea de que conviene esperar con calma a la próxima norma o a la siguiente actualización regulatoria. Hacer eso, en la práctica, significa no cumplir con la legislación vigente".
Lo que nadie pone en entredicho es que, más allá del encuadre normativo, la magnitud del desafío es notable. Implantar un SDDR en España implica diseñar una red de retorno gigantesca, con cientos de miles de puntos de venta, enorme dispersión territorial, fuerte peso turístico y una complejidad logística difícilmente comparable con otros mercados europeos. En este sentido, desde Aecoc aseguran que el sector sigue considerando el calendario actual "muy ajustado y poco realista". Apenas falta medio año y son muchas las cuestiones importantes aún por dilucidar: falta saber si habrá uno o más operadores autorizados y, en el caso de que haya más de uno, las administraciones deben marcar cuáles son las reglas de convivencia entre ellos.
Por eso el debate, según Aecoc, no debe centrarse tanto en si el sistema arrancará en noviembre de 2026 como en qué pasos son necesarios dar para cumplir con garantías los objetivos que se nos marcan desde Europa para 2029. "Debemos establecer un modelo que garantice la accesibilidad en todo el territorio", señala Antonio Romero. "El objetivo para 2029 es muy exigente".
Porque ahí reside otra de las claves del debate. Más allá de noviembre de 2026, el verdadero examen llegará en 2029, cuando Europa exigirá alcanzar el 90% de recogida separada de botellas de plástico. Y el sector sabe perfectamente que, con el modelo actual, España no está cerca de esos niveles.
En opinión de Retorna, "ningún sistema empieza de forma perfecta; lo importante es comenzar con una base sólida y, a partir de ahí, ajustar lo que haga falta. Lo mejor no puede convertirse en enemigo de lo bueno". Además, insisten en recordar algo que consideran básico, y es que, lejos de tratarse de un sistema experimental o una idea nueva, "es un sistema que existe desde hace décadas y que funciona en muchos países".
La gran maquinaria que hay que construir
Pero, ¿cómo funcionará realmente el sistema? Esa sigue siendo una de las preguntas más abiertas. La idea general está clara: el consumidor pagará un depósito adicional al comprar una bebida y recuperará ese dinero al devolver el envase vacío en un punto habilitado. Pero, detrás de esa aparente sencillez, se esconde una enorme complejidad operativa.
La red deberá combinar devolución manual y automática, integrar retail y Horeca, coordinar logística inversa, trazabilidad y compensación económica entre operadores. "El diseño se guía por criterios de eficiencia económica y ambiental, cobertura territorial y facilidad para el consumidor", explica Romero.

Detrás de la aparente sencillez del planteamiento, se esconde una enorme complejidad operativa.
En paralelo, desde Procircular se insiste en que el modelo tendrá que convivir necesariamente con el sistema actual de recogida selectiva, sin duda otro de los grandes aspectos pendientes de definir. Su presidenta, Carmen Sánchez García de Blas, recuerda que el SDDR "va a extraer determinados envases –principalmente PET y latas– del contenedor amarillo, lo que obliga a redefinir los flujos actuales, replantear infraestructuras y mejorar la gestión de los envases que permanezcan en ese sistema".
Es decir, el nuevo esquema no sustituirá al existente, sino que convivirá con él. Y ahí aparece uno de los mayores retos técnicos. "La clave está en el diseño", señala Carmen Sánchez. "Es fundamental evitar que los dos sistemas compitan de forma desordenada o generen solapamientos".
Esa convivencia obligará a redefinir el papel de los SCRAP, los sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor que hasta ahora han articulado la gestión de envases en España. "El papel de los SCRAP no desaparece, sino que evoluciona", resume la directiva. "Seguiremos siendo agentes clave en la gestión de envases, pero en un entorno más complejo donde convivirán distintos sistemas".
Un país distinto a todos los demás
Cada vez que el sector mira hacia Europa aparece la misma conclusión: España no se parece a nadie. Y no es una frase retórica. El volumen de envases, el peso del turismo, la densidad comercial, la capilaridad del retail, la dispersión territorial y la importancia del canal Horeca convierten el futuro SDDR español en un proyecto de una escala inédita.
"Se estima que actualmente se están gestionando 18.000 millones de envases de bebidas al año", recuerda Carmen Sánchez. "El sistema SDDR en España se convertirá en el más grande de Europa por volumen de unidades".

La experiencia internacional muestra que, cuando el sistema funciona bien, el consumidor acaba interiorizándolo con rapidez.
A eso se suma otro factor diferencial: los casi 100 millones de turistas que recibe el país cada año. "El turismo, la dispersión territorial, el número de puntos de venta de bebidas o el peso del canal Horeca hacen que tengamos que diseñar un sistema flexible y adaptable", insiste Romero.
Sin embargo, desde Retorna rechazan que esta complejidad pueda convertirse en una excusa para rebajar ambición. "España tiene la capacidad, el talento y la vocación de poner en marcha sistemas de forma profesional y eficiente", afirma Roset. "El reto no es rebajar la ambición del sistema, sino estar a la altura".
La experiencia internacional parece darle argumentos. Los países que han implantado recientemente el sistema están alcanzando objetivos de recogida mucho más rápido de lo previsto inicialmente. "Lo que nos está enseñando la experiencia internacional es que el modelo cala en el consumidor", apunta Romero.
Y precisamente ahí aparece otro de los grandes elementos del debate: el comportamiento ciudadano.
El consumidor, en el centro de todo
El éxito o el fracaso del SDDR dependerá, en buena medida, de un gesto cotidiano: devolver un envase vacío. Puede parecer simple, pero transformar hábitos de millones de personas exige pedagogía, accesibilidad y confianza.
La cuantía mínima ya está fijada por normativa: 10 céntimos por envase. Aunque el importe definitivo todavía deberá concretarse por la entidad gestora. Desde Aecoc apuntan que la comunicación será clave para explicar que no es un incentivo, sino la devolución de un importe previamente pagado, y para asegurar que el sistema sea entendido y utilizado correctamente.
Para Roset, el depósito debe encontrar un equilibrio delicado. "Tiene que ser lo bastante significativo como para incentivar una recuperación de al menos nueve de cada diez envases, y al mismo tiempo no tan alto como para generar un impacto innecesario".
Volviendo a Portugal, la puesta en marcha del sistema en dicho país, nos dará pistas de cómo afecta un depósito de 0,10 euros por envase y el valor de una comunicación efectiva. Pero el verdadero desafío será conseguir que el sistema se integre con naturalidad en la vida cotidiana. "El ciudadano es clave e imprescindible", afirma Carmen Sánchez. "El éxito del sistema depende de su participación".
La experiencia internacional muestra que, cuando el sistema funciona bien, el consumidor acaba interiorizándolo con rapidez. De hecho, en muchos países europeos devolver envases es ya un acto completamente normalizado. Roset cree que ese cambio cultural puede ser especialmente importante en España. "Cuando una persona devuelve una lata o una botella y sabe que ese envase se va a reciclar o reutilizar y no va a acabar abandonado en una playa o en un bosque, el país lo nota".
El debate que sigue abierto: qué envases entran y cuáles no
Otra de las cuestiones de fondo más relevantes pero sin resolver aún afecta al tipo de envases incluidos. España contempla actualmente la incorporación del cartón para bebidas –excepto lácteos–, una decisión que genera importantes discrepancias en parte del sector.
Antonio Romero considera que introducir estos envases "puede complicar la comprensión del sistema y distorsionar su implantación". Entre los argumentos que esgrime están la dificultad tecnológica para su gestión y el impacto económico y operativo desproporcionado.
La posición de Retorna es distinta. Su principal preocupación está en el vidrio reutilizable. "Que el vidrio no esté incluido entre los materiales del sistema es, a nuestro juicio, un golpe claro contra la reutilización", sostiene Roset. La discusión conecta con un debate mucho más amplio: el futuro de los envases reutilizables en Europa. "El sistema de depósito que se implante en España debe estar preparado para incorporar de forma exitosa, eficiente y conveniente los envases reutilizables", insiste el director de Retorna.
El gran reto económico
El SDDR exigirá un gran esfuerzo inversor. Máquinas de retorno, logística inversa, digitalización, sistemas de trazabilidad, almacenamiento, compensación económica y adaptación operativa del retail. "Será un modelo que requiera de fuertes inversiones", admite Antonio Romero. Pero el debate sobre costes ha empezado a girar hacia otra pregunta: ¿cuánto cuesta no hacerlo?
Roset lo plantea en términos muy directos: "Los costes realmente elevados son los ambientales, económicos y materiales de seguir perdiendo recursos". Desde Procircular, Carmen Sánchez insiste en la necesidad de construir un modelo eficiente y equilibrado: "Es importante que el sistema final permita cumplir los objetivos ambientales sin generar sobrecostes innecesarios para empresas y consumidores".
Y ahí emerge otra cuestión fundamental: quién gestionará realmente el sistema. La Asociación SDDR para España –impulsada con el apoyo técnico de Aecoc– se ha convertido en la gran plataforma de articulación sectorial. Según Romero, ya cuenta con más de 50 empresas preadheridas y ha incorporado a organizaciones como Fiab, Hostelería de España, Marcas de Restauración, Apresco y Aneda. "La visión es establecer un modelo de todos y para todos", resume.
Sin embargo, aún queda por resolver la cuestión decisiva anteriormente mencionada (no desvelada aún en el momento de escribir este artículo): si existirá un único operador o varios coexistiendo al mismo tiempo. Una incógnita primordial, ya que esa respuesta condicionará prácticamente todo lo demás.
Una carrera contra el tiempo
El gran interrogante sigue siendo el calendario: ¿llegará España realmente a noviembre de 2026? En privado, buena parte del sector reconoce que el plazo parece extremadamente ajustado. Públicamente, las posiciones son más matizadas. Pero, incluso entre quienes dudan de los tiempos, hay consenso en algo: el sistema acabará implantándose. Sí o sí, porque la presión regulatoria europea ya no deja demasiado margen. Y porque el modelo actual ha demostrado limitaciones evidentes para alcanzar los objetivos de recogida y circularidad que exige Bruselas.
Quizá por eso el verdadero debate ya no sea cuándo llegará el SDDR, sino cómo cambiará la relación del consumidor con el envase. Durante décadas, una lata o una botella vacía fueron simplemente un residuo. El SDDR pretende convertirlas de nuevo en un recurso con valor. Puede parecer un cambio pequeño. Pero detrás de ese gesto cotidiano –devolver un envase y recuperar unos céntimos– se esconde una transformación industrial, logística y cultural de enorme alcance. Y esa transformación, aunque todavía llena de incógnitas, sí que ha cruzado ya el punto de no retorno.
Los SCRAP buscan redefinir su papel en el nuevo tablero
La llegada del SDDR no solo transformará la devolución de envases. También obligará a redefinir el papel de los SCRAP, los sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor que hasta ahora han articulado la gestión de envases domésticos en España. Desde Procircular, su presidenta Carmen Sánchez García de Blas subraya que el principal desafío será evitar duplicidades entre el SDDR y el sistema actual del contenedor amarillo. "Es fundamental definir claramente qué flujos corresponden a cada sistema y cómo se integran", explica. Porque el objetivo ya no será únicamente reciclar más, sino gestionar mejor un ecosistema mucho más complejo que el actual.

Es fundamental definir claramente qué flujos corresponden a cada sistema y cómo se integran.
En ese escenario de convivencia entre modelos, desde Ecoembes también insisten en que el reto pasa por evolucionar el sistema actual sin perder los avances logrados durante las últimas décadas. "Nos ponemos a disposición de las empresas para acompañarlas en las distintas fases de todo el proceso, poniendo nuestro conocimiento, experiencia y capacidad de implementación a su servicio", señalan desde la organización. Ecoembes recuerda además que la transformación del modelo no dependerá únicamente del SDDR, sino también de otras herramientas como el pago por generación u diversos sistemas de incentivos, "que complementan y refuerzan lo que ya funciona: el contenedor amarillo y la colaboración ciudadana que llevamos más de 25 años impulsando".
En pleno rediseño del mapa de los envases en España, la organización asegura que seguirá trabajando "para aportar en la evolución y el fortalecimiento del modelo" y ayudar así a cumplir los objetivos ambientales marcados para los próximos años.
Maite M. Vendrell
(*) Este artículo está incluido en el Anuario de la Innovación 2026 de FRS Food Retail & Service, una obra exclusiva que ha sido posible gracias al patrocinio de Campofrío, Central Lechera Asturiana (Grupo), Coca-Cola, Juver, Shopadvizor y Winche, y con el apoyo de otras empresas anunciantes.
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