La Sirena, especialista en congelados adquirido por José Elías en 2021, ha cerrado 2025 con una facturación de 179 millones de euros, apenas un 0,6% más que el pasado año, en un ejercicio marcado por el regreso a números rojos.
Si en 2024, primer año en positivo desde la adquisición por parte del empresario catalán, La Sirena se anotó un beneficio de 4,2 millones de euros —debido a un crédito fiscal de 8 millones—, en 2025 este ha caído a -2,47 millones.
El ebitda ajustado, en cambio, crece un 5,7% hasta los 8 millones de euros gracias a los esfuerzos por reducir costes energéticos y adaptar la estructura logística y corporativa al volumen de negocio de la compañía. El margen bruto, asegura la compañía, ha mejorado.
En los últimos años La Sirena ha emprendido una ambiciosa política de renovación de tiendas que le ha llevado incluso a probar a instalar córners externos, como el de Enrique Tomás en su establecimiento de Puigcerdà (Girona), pero el problema de fondo de su modelo comercial sigue intacto.
Al contrario que en otros mercados como Reino Unido, donde Iceland cuenta con una cuota apreciable, en España los especialistas en congelado se han encontrado siempre en serias dificultades para hacerse un espacio propio. En un mercado que crece desde la pandemia por encima del 4% anual, La Sirena apenas ha sido capaz de salvar su cifra de negocio, lo que en términos reales supone un retroceso claro.