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El SDDR pasa de la polémica a quedar muy aparcado

Retailers y fabricantes confían más en el sistema actual de reciclaje. Mahou, la última en opinar: "No es una medida que vaya a solucionar nada". Los ecologistas siguen pidiendo su implantación.

A.G.

20 de marzo 2018 - 16:43

Un cliente usando el sistema SDDR
Un cliente usando el sistema SDDR / Redacción FRS

El Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) es un tema que recurrentemente surge en las conversaciones de los profesionales del gran consumo español. En líneas generales, no gusta. Y eso que está muy extendido en países del norte de Europa. Los movimientos ecologistas de vez en cuando lo reclaman mientras que retailers y fabricantes no ven con buenos ojos su implantación. De momento, el SDDR está aparcado en España.

En un acto celebrado con varios medios de comunicación, entre ellos FoodRetail, la directora de Relaciones Institucionales, Comunicación y Sostenibilidad de Mahou San Miguel, Patricia Leiva, reconocía que el SDDR no convence en la compañía cervecera. "No creo que sea una medida que vaya a solucionar nada", respondía a una pregunta de este medio. Leiva recordaba que en España el sistema actual de reciclaje funciona, logrando que en torno al 80% de los envases de plástico, latas y bricks, así como los envases de papel y cartón, sean reciclados. En ese sentido, ve el SDDR como "un sistema parcial".

Los últimos datos de Ecoembes, correspondientes al año 2016, señalan que cada habitante deposita 13,2 kg de envases de plástico, latas y bricks en el contenedor amarillo (+4% que en 2015) y 15,5 kg (+2,7% más que en 2015) en el contenedor azul, en todo el territorio nacional. Esto se traduce en 1.081 envases/habitante en el contenedor amarillo y 628 envases/habitante en el contenedor azul. "Se ha logrado que el 99% de los españoles tengan acceso a la recogida selectiva de estos residuos con una media de un contenedor cada 100 metros", subraya la organización.

"Se ha logrado que el 99% de los españoles tengan acceso a la recogida selectiva de estos residuos con una media de un contenedor cada 100 metros"

La postura mencionada de Mahou coincide con otras voces del gran consumo que se han manifestado contra el SDDR. La más autorizada, la de Aecoc, que en su Congreso de Sevilla en octubre de 2016 emitió un comunicado en el que mostraba su oposición a este sistema. "Ni desde una óptica económica, ni social, ni medioambiental nos parece un sistema viable para la realidad del comercio de nuestro país", decía el texto.

"Ni desde una óptica económica, ni social, ni medioambiental nos parece un sistema viable para la realidad del comercio de nuestro país"

La Comunidad autónoma que más había impulsado el SDDR era la valenciana, levantando una auténtica polvareda en el sector. Las presiones de retailers y fabricantes hicieron efecto y finalmente el proyecto ha quedado aparcado, quizá para una legislatura posterior. La organización Greenpeace, de hecho, ha recordado recientemente el proyecto pidiendo a los políticos que se fijaran en el monumento preparado por la Falla Mossén Sorell-Corona, hecho con latas y botellas de plástico y vidrio, asegurando que el SDDR es necesario para no ver tantos residuos en nuestros mares.

El pasado mes de febrero, un supermercado Spar de Canarias se convirtió en el primero en contar con una máquina de devolución de botellas de plástico. Se encuentra en la localidad de Gáldar y espera ser el primero de muchos en las islas.

En Canarias, también ha habido un bloqueo al SDDR. De hecho, la Asociación de Supermercados de las Islas Canarias (Asuican), a la que pertenecen Hiperdino, Mercadona, Covirán y Spar, considera que este sistema es "engañoso" y que "no va a beneficiar al medio ambiente". "Lo que hay detrás son intereses económicos de multinacionales", ha dicho su secretario general, Alonso Fernández.

"Este sistema no ayuda al reciclaje, sino que solo vende máquinas"

Retailers y fabricantes no ven bien el SDDR por, entre otras razones, el espacio que las máquinas pueden ocupar en los supermercados. Además, consideran que los productos verían aumentado su precio entre diez y quince céntimos. "Este sistema no ayuda al reciclaje, sino que solo vende máquinas", afirman también.

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