A juzgar por sus resultados de 2025, Carlsberg es la excepción en un sector cervecero que atraviesa por serias dificultades.
La multinacional danesa, dueña de marcas como Tuborg o Kronenbourg, cerró el último ejercicio con una facturación de 89.100 millones de coronas danesas, equivalente a 11.930 millones de euros, un 18,8% más que el año anterior.
La cervecera también ha elevado considerablemente su beneficio operativo hasta los 14.000 millones de coronas danesas (1.870 millones de euros), un 22,7% interanual.
La razón se encuentra en la adquisición de Britvic, completada en enero de 2025, una compañía británica de refrescos y mixers que suma cerca de 1.900 millones de libras a las ventas del gigante nórdico. Esta operación, además, marca un hito importante para Carlsberg: por primera vez en su historia obtiene más de la mitad de sus ingresos fuera de la cerveza, una ventaja significativa gracias a la política de diversificación seguida durante los últimos años, con la que se ha adelantado significativamente a rivales como Ab InBev y Heineken.
En términos orgánicos —es decir, excluida la compra de Britvic—, los resultados de Carlsberg son menos espectaculares. Sus ventas cayeron un 0,6%, con un retroceso del 2% en volumen debido a la pérdida del contrato de distribución de San Miguel en Reino Unido, que desde enero de 2025 recae en Budweiser.
A pesar de ello, el beneficio operativo orgánico creció un 5%, por encima de las expectativas del mercado.