Hasta el 94% de los consumidores españoles estaría dispuesto a cambiar de supermercado en favor de otro que implemente medidas eficaces para reducir el despilfarro, señala un estudio presentado por La Distribución Anged y la plataforma Too Good To Go.
El dato sugiere un cambio en los criterios de elección del consumidor —o, al menos, en sus intenciones—, con un mayor peso de la sostenibilidad que convive con variables tradicionales como el precio o la proximidad. No obstante, esta creciente sensibilidad convive con un fondo de crítica: uno de cada tres encuestados considera que la distribución alimentaria no está haciendo lo suficiente en este ámbito, a pesar de que los últimos datos de Eurostat demuestran que la mayor parte del desperdicio sucede en los hogares, seguido de la producción primaria y la fabricación.
Aunque el 67% de los consumidores reconoce avances, un 41% considera que los supermercados no comunican adecuadamente sus iniciativas y un 52% cree que las acciones son puntuales y no estructurales. En paralelo, el 64% sitúa a la distribución como principal responsable de reducir el desperdicio, por delante de otros eslabones de la cadena.
La regulación ha incrementado la presión en este sentido. La entrada en vigor de la Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario refuerza la exigencia sobre el sector, que debe articular planes de actuación adaptados a su operativa. Desde el Ministerio de Agricultura subrayan que estos planes deben seguir una jerarquía de prioridades, con margen para la flexibilidad, pero con la obligación de justificar las excepciones.
En términos de mercado, la reducción del desperdicio se perfila así como un elemento de diferenciación con impacto directo en la fidelización. Visibilizar las iniciativas —desde descuentos dinámicos hasta acuerdos con plataformas de aprovechamiento— no solo mejora la percepción, sino que puede traducirse en mayor tráfico y recurrencia, sugiere el estudio.