Hijo de gobernador civil y, por lo tanto, acostumbrado a mirar desde un poco más arriba que los demás; y ya desde pequeño, acomodado en el asiento trasero –aunque algo apretado junto a sus seis hermanos– tras las ventanillas de un Dodge D’art.
Sus amigos decían que se parecía a varias personas célebres. Una, jugador del Real Madrid –delantero de postín y titular de una generación que se hizo algo famosa por la foto que dejaba ver parte de su anatomía–; y otra, imagen de un humorista y enterteiner reconocido que actuaba –y actúa– junto a su hermano. Tiene –mejor tenía– un parecido a ambos que sorprendía. Si no le conocías, la entrada debía ser, pues, amigable.
Javier ha sido jefe entre jefes del sector retail. Ha liderado todos los formatos y abrevado en todo tipo de empresas. Su primer escalón, fichado por Javier Campo, fue para el discount, ejerciendo, ya al final, de director general en Grecia dentro de la organización de supermercados Dia. El supermercado lo lideró en Champion, dentro del grupo Carrefour. Fue después director general también, en Carrefour, gerifalte de los hipermercados. Jefeó también para los Cash como presidente de Makro y, más tarde, de director general de Covalco.
O sea, en todo momento, director de grupos renombrados y grandes y, sin embargo, Campeón de la discreción.
La humildad forma parte esencial de su yo. Fui testigo cuando salió de la última gran empresa y, ya con cierta edad, fue consciente de que el reenganche sería difícil y el título de CEO de una grande, más aspiracional que real. Decidió dejar la carrera y se conformó con una nave pequeña y artesana. Bajó de la tarima y dejó de figurar en el cuadro de honor. Es de los pocos casos que conozco que dejó de ser y sigue siendo.
Son muchos los que he visto sufrir cuando abandonan el cargo y se quedan desnudos como personas. No es fácil pasar el umbral de una puerta que te desposee de títulos y diluye el aura del poder que traducen cargo, chófer, secretarias y acólitos fieles, que no solo te dan la razón, sino que te dicen que eres bienparecido, genial y siempre tienes buenas ideas.
Y Javier fue de los pocos capaces de la reconversión personal, iniciando la senda de fundar una empresa pequeña y convertirse en hombre orquesta que toca los tambores y platillos del marketing, las finanzas, las compras, la producción, los recursos humanos y, cómo no, la autobatuta de dirección general.
La Humildad la lleva al terreno personal: ni cochazos, ni relojazos ni nada ostentoso.
Otra de sus grandes virtudes –defecto para el gran público–: que casi nunca se ofende o se da por aludido cuando alguien le "falta" o se mete con él, o le ningunea (es decir, le pierde el respeto o no le considera).
No se le conoce doblez, por lo que lo peor que se le ha atribuido es decir la verdad en momentos incómodos. Eso sí, sin faltar jamás al respeto:
- "Esto no lo acabo de entender… ¿Estás seguro?".
Otro de sus Pluses –que solo conocemos los de la segunda corona, siendo la primera la familia– es su gran capacidad de hacer buenas paellas –de todo tipo– y ser un excelente acogedor en su casa de la Costa Brava.
A estas alturas de la vida profesional, me faltan dedos en las manos para enumerar los socios que he tenido, pero que me crean, por favor, los que me lean: tan solo con uno me he sentido valorado, respetado, protegido, tranquilo y absolutamente seguro.
Javier Rueda es para mí un ejemplo de que se puede llegar a jefe sin ser un malnacido ni torticero. Basta con estar preparado, tener instinto e inteligencia y gestionar a las huestes. Se puede ser, por supuesto, honesto y decir siempre la verdad.
Y por cierto, aunque doy por seguro que esta aparición pública no le va a gustar –aunque sí perdonar–, lo siento mucho por él. Se la merece. De verdad, hay que hacer un esfuerzo por sacar a la luz los cientos de campeones ocultos gracias a los que las cosas pasan. Son un buen ejemplo para todos. No todos hemos nacido para las luces y los escenarios.
Gracias, Javier, por honrarme con tu amistad.