Antonio Agustín

| ¿Alargar el mes...? Compra a crédito | -

Pago con tarjeta
Pago con tarjeta

Pagar con tarjeta se está generalizando al ritmo que marca el tirón del consumo.

En el 2016 se trasegaron así 125.000 millones de euros, de los cuales los que fueron crédito se devolvieron a ritmos de más del 21% de intereses (¿lo sabían?) y las cifras de desempeño trimestral señalan que el último año ha sido más bestia aún.

Antes eran viajes, ropa y electrodomésticos y, ahora, además de más de lo mismo, cualquier necesidad para sobrevivir: el pan, el menú e, incluso, el diario dominical. Casi 70 millones de tarjetas de pago en circulación, quinto país europeo detrás de UK (casi 180 millones), Alemania, Francia e Italia.

Para no navegar sobre un mar de números me centraré en señalar cuáles son, en mi opinión, los asuntos más relevantes sobre esta evolución:

1. Que el efectivo está desapareciendo -valga la redundancia- de la circulación.

Y las pruebas evidentes son la disminución del parque de cajeros -en los últimos seis años se han reducido en torno al 10% (ahora son unos 50.000)- y la multiplicación de terminales de punto de venta (tpv's), cuyo número se ha incrementado en un porcentaje similar hasta llegar a casi un millón setecientos mil.

Ya hace dos años que la compra con tarjeta supera la retirada de los cajeros...

2. Que la costumbre de pagar sin dinero nos permitirá entender mejor qué narices son las blockchain y en qué medida hay que empezar a pensar seriamente en las criptomonedas y el dinero 'digital'.

3. Que refiréndonos a lo que es estrictamente el pago, el que es a crédito está abriendo una brecha creciente e imparable respecto al de débito.

El pago es uno de los momentos de la verdad que conectan con más intensidad al consumidor con el producto y con la tienda

Las principales implicaciones de estos hechos, en mi opinión, serán:

- Que será necesario adaptarse cada vez más a este intercambio casi virtual de dinero (hasta ahora con mucha seguridad) y que cobrar en metálico se convertirá en una hazaña singular.

- Que la utilización del crédito para comprar -antes extraordinario y puntual- se convertirá progresivamente en una especie de póliza personal que permite estirar a modo de chicle la disponibilidad. Y que cualquier negocio de consumo debe idear caminos y mecanismos para tener buena presencia en este percal.

- Que las tarjetas (o su sustituto inmediato, el móvil) deberán luchar cada vez más por la vinculación a los mejores polos de información y la usabilidad.

Marcas y tiendas, proveedores y distribuidores no pueden permitirse el lujo de ausentarse de este asunto tan cambiante y trascendental. El pago -o el cobro, según se mire- es uno de los "momentos de la verdad" que conectan con más intensidad al consumidor con el producto y con la tienda. Sea física o virtual.

Sobre el autor

Consejero y escritor experto en distribución

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