Vidrala cerró 2025 con una facturación de 1.465,2 millones de euros, el 7,8% menos que el año anterior, en un ejercicio marcado por la debilidad de la demanda y la presión competitiva en el negocio de envases de vidrio. A divisa constante y en perímetro comparable, la caída fue del 5,4%.
El beneficio neto se situó en 219,6 millones, un 26,4% inferior a los 298,3 millones de 2024. No obstante, en términos comparables —ajustando la contribución del negocio italiano el año anterior y la plusvalía derivada de su venta— el beneficio por acción descendió un 6,8%, hasta 6,24 euros.
El ebitda alcanzó los 441 millones, un 2,8% menos, con una variación orgánica prácticamente plana (-0,1%), lo que evidencia la resistencia de los márgenes en un entorno de menor volumen. La generación de caja, de 200,1 millones, permitió reducir la deuda neta hasta 105,3 millones de euros, equivalente a 0,2 veces el Ebitda.
Pese al retroceso en ventas y beneficio, la compañía mantiene su política de retribución al accionista. Ha anunciado un incremento del 15% del dividendo en efectivo y un programa de recompra de acciones del 1% del capital. El reparto total previsto para 2026 asciende a 1,7505 euros por acción.
El consejero delegado, Raúl Gómez, ha subrayado que las cifras reflejan "la solidez del negocio construido" y el impacto de la diversificación geográfica, con la entrada en Sudamérica como hito estratégico. Tras consolidar posiciones en el sur de Europa, Reino Unido e Irlanda y desembarcar en Brasil en 2023, Vidrala ha reforzado su apuesta por América Latina con la adquisición de Cristalerías Toro en Chile.
La operación, centrada en el área metropolitana de Santiago, se enmarca en una estrategia de crecimiento selectivo que busca construir una plataforma regional en mercados con potencial estructural. En un contexto europeo más maduro y volátil, Latinoamérica se perfila como el vector de expansión para un grupo que prioriza eficiencia industrial, reducción de costes y proximidad a las grandes marcas de alimentación y bebidas.