Las fusiones y adquisiciones repuntan en el sector agroalimentario español, estimulado por la necesidad de ganar economías de escala, reducir costes y acometer inversiones en aspectos como logística, profesionalización o innovación.
En concreto, el sector registró 40 transacciones de este tipo en el primer trimestre de 2026, un 15% más que en el mismo periodo del año anterior, según datos de Albia IMAP, empresa especializada en operaciones corporativas. Se trata, además, del mayor volumen de transacciones desde el tercer trimestre de 2024.
El repunte confirma el atractivo de la industria alimentaria para fondos e inversores industriales en un momento marcado por la incertidumbre geopolítica y la desaceleración económica. "La agroalimentación se está consolidando como un sector refugio. Cuando hay incertidumbre, el capital busca actividades con mayor estabilidad y capacidad de generación de caja", explica Ricardo Dávila, socio de Albia IMAP, en declaraciones a Efeagro.
La actividad se concentra especialmente en mercados todavía muy fragmentados y en los que hay margen para ganar tamaño, eficiencia logística y capacidad de negociación. El sector cárnico lideró las operaciones entre enero y marzo con nueve transacciones, seguido del hortofrutícola (cinco), comida preparada (cuatro), panadería y bollería (cuatro) y lácteo (tres).
Detrás de buena parte del movimiento aparece un patrón cada vez más habitual en la alimentación europea: empresas familiares que buscan dimensión, profesionalización o relevo generacional, y grupos industriales o fondos dispuestos a acelerar procesos de consolidación. Según Albia IMAP, el 72% de los compradores fueron inversores industriales, mientras que el 65% de las operaciones tuvieron capital nacional.
Entre las principales transacciones cerradas en el trimestre destacan la compra de Panrico por parte de Vicky Foods; la adquisición de La Selva por Vall Companys; la entrada del fondo MCH Private Equity junto a Ares en Europastry; o la compra de Bricio Embutidos por Incarlopsa.
También se han incrementado las operaciones con capital extranjero. En los primeros meses del año, la francesa Capza tomó el control mayoritario de Goiko; el grupo alemán Henkell reforzó su posición en Freixenet; y la neerlandesa GoodLife Foods adquirió Avícola Galocha.
La consolidación llega además en un momento de transformación profunda del consumo alimentario. Los segmentos vinculados a proteína, platos preparados, panadería industrial o alimentación saludable están atrayendo inversiones por su potencial de crecimiento y por la necesidad de ganar escala para afrontar mayores costes energéticos, regulatorios y logísticos.
La concentración de la distribución alimentaria, que también ha experimentado un repunte en los últimos años, empuja asimismo a los fabricantes y empresas agroalimentarias a acelerar la consolidación, dado que necesitan más poder de negociación —como sucede en el caso de Vicky Foods o Pascual— o más recursos para acometer las inversiones con las que continuar la producción de sus marcas blancas, como en los casos de Incarlopsa o Profand.