Intermarché ha comenzado a desplegar en Francia un sistema para medir y comunicar la huella de carbono de sus productos de marca propia, un movimiento que sitúa a la enseña en la vanguardia del sector, cada vez más consciente de la necesidad de integrar criterios medioambientales en las decisiones de compra.
La iniciativa, aún en fase inicial, se articula a través de un nuevo apartado de "impacto carbono" en las fichas de producto accesibles desde el móvil, donde se muestra el volumen de emisiones de CO₂ por kilogramo. El despliegue es progresivo y todavía no cubre la totalidad del surtido, pero supone un paso importante hacia la estandarización de este tipo de indicadores en la distribución.
El movimiento se enmarca en una tendencia más amplia del sector. Según el analista Olivier Dauvers, que ha desvelado en primicia la medida, este tipo de herramientas resultan "indispensables" para sensibilizar al consumidor sobre el impacto de sus decisiones, en un contexto en el que la pedagogía se ha vuelto fundamental para modificar hábitos de compra.
La experiencia de uso muestra diferencias significativas entre productos. Optar por un zumo de manzana frente a uno de naranja puede reducir la huella de carbono en torno a un 30%, mientras que sustituir un postre lácteo por una alternativa vegetal puede llegar a reducir el impacto un 75%. Este tipo de comparaciones refuerza la capacidad del consumidor para incorporar criterios ambientales en su cesta.
Intermarché no es el primer operador en avanzar en esta dirección. E.Leclerc inició hace un año iniciativas similares, en un contexto en el que el sector se prepara para una mayor exigencia regulatoria en materia de información medioambiental y etiquetado.