El kéfir ha dejado de ser un producto de nicho para convertirse en una de las categorías más dinámicas del gran consumo en España. En 2025, este segmento alcanzó una facturación de 145 millones de euros, con un crecimiento del 71% en volumen, según datos de Kantar, en un contexto marcado por el cambio en los hábitos alimentarios y la mayor preocupación del consumidor por la salud.
La penetración del producto refleja esta tendencia: cerca de cuatro de cada diez hogares españoles ya incluyen kéfir en su cesta de la compra, consolidando su paso desde un consumo marginal a una opción habitual dentro del lineal de lácteos. El impulso responde, en gran medida, a la búsqueda de alimentos funcionales, con beneficios asociados al bienestar digestivo y a una dieta más equilibrada.
El atractivo del kéfir se apoya en su perfil nutricional. Se trata de un alimento fermentado que combina bacterias y levaduras, lo que le confiere propiedades probióticas. "Cada vez más consumidores son conscientes de los beneficios de los fermentados y de su papel en la salud digestiva", explica la dietista y nutricionista Gabriela Uriarte, en el marco de la feria Alimentaria.
No obstante, el rápido crecimiento del segmento también plantea retos en términos de transparencia y calidad. Un estudio de la Universidad Rovira i Virgili apunta a que el 80% de los kéfires comercializados no menciona la presencia de levaduras en su etiquetado, un elemento indispensable para definir la autenticidad del producto. Este contexto abre espacio para la diferenciación de marca, especialmente en torno a certificaciones y garantías de proceso.