La escalada del precio del gasóleo comienza a repercutir en la cuenta de explotación de las empresas. Asedas, patronal que representa a cadenas como Mercadona, Lidl, Dia o Consum, estima que el sobrecoste acumulado desde marzo asciende ya a 51 millones de euros, incluso después de descontar la ayuda de 20 céntimos por litro aplicada por el Gobierno al transporte profesional.
La cifra ilustra la presión al alza sobre uno de los principales costes operativos de los supermercados, cuyo negocio se caracteriza por márgenes estrechos y una elevada intensidad logística. El incremento del combustible, consecuencia de la guerra en Oriente Medio y trasladado recientemente por las empresas de transporte, afecta tanto al transporte de mercancías desde los centros de distribución hasta las tiendas como al aprovisionamiento desde proveedores y plataformas.
Pese a ello, las cadenas están absorbiendo buena parte del impacto para evitar un traslado inmediato a los precios de venta al público. La distribución alimentaria sigue, por el momento, una estrategia de contención en productos básicos como el pan, los huevos o el azúcar, en un contexto en el que la inflación alimentaria sigue moderándose.
Según los datos del IPC de abril, los precios de los alimentos registraron variaciones mensuales nulas o incluso negativas, lo que permitió reducir la tasa interanual del 2,7% al 2,6%. Detrás de esta estabilidad se encuentra, en buena medida, la "intensa competencia" de un mercado con más de 200 operadores , subraya la patronal.
En cualquier caso, el encarecimiento del gasóleo vuelve a poner de manifiesto la sensibilidad del sector a las tensiones externas. Aunque las ayudas públicas han mitigado parcialmente el golpe, Asedas advierte de que el impacto sobre las cuentas de resultados seguirá aumentando y podría trasladarse en el futuro al precio que pagan los consumidores.