El avance de los platos listos para consumir está reconfigurando el reparto del gasto alimentario entre distribución y restauración, en un contexto en el que la conveniencia gana peso como criterio de elección. Según datos presentados por Cristina García, directora de Foodservice de Worldpanel by Numerator, el 25% de los consumidores prioriza ya la rapidez y facilidad a la hora de decidir qué comer.
Este cambio de hábitos impulsa el crecimiento del denominado "listo para comer", que gana terreno principalmente frente a la cocina doméstica, aunque también empieza a restar ocasiones de consumo a restaurantes independientes y al canal de reparto a domicilio. Una de cada tres ocasiones de consumo en esta categoría responde a cenas rápidas entre semana, lo que refleja su vinculación directa con la falta de tiempo.
Pese a esta presión, la restauración todavía tiene margen de crecimiento, sostiene García. La penetración de determinadas cadenas apenas alcanza al 4% de la población, frente al 18% de la panadería organizada y el 38% del conjunto del mercado —incluyendo operadores independientes—, lo que apunta a un amplio recorrido tanto en frecuencia como en captación de nuevos clientes.
La competencia entre ambos canales se ha intensificado también en términos de percepción de calidad. En categorías como las ensaladas, el 56% de los consumidores considera que la opción del supermercado es igual o superior a la de un establecimiento hostelero. Sin embargo, en productos como la hamburguesa, solo un 6% otorga esa ventaja a la distribución, lo que evidencia el diferencial que aún conserva la restauración en determinados segmentos.
El precio y la rapidez son los principales argumentos del supermercado frente a la hostelería, junto a la posibilidad de integrar la compra de comida lista para consumir en una cesta más amplia. De hecho, el 60% de los consumidores incorpora estos productos dentro de su compra habitual de aprovisionamiento, frente a un 40% que responde a decisiones más impulsivas.
El comportamiento varía por generaciones. Los consumidores más jóvenes muestran una mayor sensibilidad al precio. Por el contrario, los segmentos de mayor edad priorizan compras más ceñidas a sus necesidades inmediatas, con menor tamaño de cesta y menor disposición a almacenar alimentos para evitar el desperdicio.