La revolución permanente de Unilever empieza a sembrar dudas entre los analistas, que hasta hace poco acusaban a la multinacional de ser demasiado lenta y poco ambiciosa —uno de los motivos que precipitaron la destitución del anterior CEO, Hein Schumacher—.
Después de completar la venta de su división alimentaria a McCormick y de escindir su división de Helados, inversores y profesionales del sector se preguntan si la sucesión de cambios organizativos no está pasando factura a la productividad de sus empleados y a sus resultados. Financial Times habla incluso de "fatiga del cambio", el estado de agotamiento y desconexión que sigue a un ritmo constante de reestructuraciones.
Fernando Fernández, actual CEO de la compañía, rechaza de plano esa hipótesis. "Las grandes compañías rinden y se transforman simultáneamente. No nos pagan por hacer el vago", aseguró el miércoles durante una conferencia organizada por Deutsche Bank en París. "Durante años se ha dicho que Unilever era lenta y compleja. Ahora algunos cuestionan si estamos cambiando demasiado rápido", añadió.
El grupo no cierra un parcial en positivo desde hace varios ejercicios, con una caída del 3,3% en el primer trimestre de 2026. Por su parte, la cotización de Unilever todavía no ha recuperado el terreno perdido después de anunciar en marzo la venta de del 35% de su división de Alimentación a McCormick por 15.700 millones de dólares, una operación que ha dado lugar a un gigante valorado en cerca de 66.000 millones, con ventas anuales de 20.000 millones y una deuda equivalente a cuatro veces su ebitda que preocupa a los inversores.
Paralelamente, Unilever ha completado hace poco la escisión de su división de Helados, que cotiza en Ámsterdam bajo la sociedad The Magnum Ice Cream Company.
Ambas operaciones forman parte de la profunda reorganización impulsada por Fernández desde que llegara al cargo. El directivo, antes director financiero de la compañía, ha acelerado la simplificación del grupo con el objetivo de concentrar recursos en las categorías que considera de mayor potencial: cuidado personal, belleza y cuidado del hogar. El negocio combinado de estos departamentos, que cuentan con marcas reconocidas como Skip, Dove, Axe, Vaseline o Tresemmé, asciende a 39.000 millones de euros, pero todos ellos se anotaron retrocesos en el último ejercicio.
Algunos accionistas temen que la acumulación de procesos de reestructuración esté afectando a la operativa cotidiana. Michael Illig, gestor de Flossbach von Storch, uno de los principales accionistas del grupo, advertía esta semana de que una nueva reorganización supone prolongar la incertidumbre hasta, al menos, mediados de 2027. El inversor Terry Smith, histórico accionista de la multinacional, canceló posiciones recientemente al considerar que la estrategia está demasiado influida por los fondos activistas.
Fernández discrepa. "Ni el consejo ni el equipo directivo estaban dispuestos a seguir posponiendo los problemas", defiende. El ejecutivo argumenta que Unilever está acometiendo los cambios desde una posición de fuerza, apoyada en el crecimiento de sus marcas principales, la expansión de márgenes y una mayor inversión en áreas como innovación, digitalización, desarrollo de producto o implantación comercial.
Pese a las dudas, Fernández mantiene su hoja de ruta. "Unilever se está volviendo más ágil, sencilla y enfocada", indició en la conferencia organizada por Deutsche Bank. "El Unilever que estamos construyendo es una empresa de 39.000 millones de euros especializada en Hogar, Belleza y Cuidado personal, con una posición más sólida en las geografías, categorías y canales en los que tenemos posibilidades de ganar".