Las cadenas de supermercados multiplicaron por cinco la partida que destinan a innovación entre 2018 y 2025, impulsadas por la escalada inflacionaria post-Covid y ante la necesidad de ofrecer surtidos más económicos, saludables y convenientes.
Así lo revela el último informe publicado por el Instituto Cerdà, presentado en la mañana del martes en Madrid, según el cual la distribución invirtió en innovación 444 millones de euros en 2025: apenas un 0,9% más que en 2024, pero 5,5 veces más que en 2018 y 2,7 veces más que en 2019.

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Por su parte, después de varios años de caídas, la industria alimentaria parece haberse recuperado en 2025 con una inversión de 787 millones de euros, un 17,8% más respecto a 2024, aunque todavía por debajo de los niveles de 2018 (-16,6%).
Los datos del Instituto Cerdà apuntan a un escenario coherente con la coyuntura del sector: después de varios años de crecimiento acelerado de los distribuidores y de sus marcas propias, los fabricantes empiezan a asomar la cabeza con esfuerzos redoblados para lanzar al mercado productos nuevos y relevantes para el consumidor.
El sector agrario da muestras de estabilidad con un ligero descenso: en 2025 invirtió 180 millones de euros, once menos que en 2018.

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El conjunto del sector alimentario, comprendidas distribución alimentaria, industria y agricultura, invirtió en 2025 1.411 millones de euros en innovación, el 9% más que en 2024, lo que no ha impedido que España se encuentre a la cola de Europa en patentes registradas por cada 1.000 millones de euros de facturación, después de una caída del 37% entre 2018 y 2024.
En los sectores agrícola e industrial FMCG español se registran 2,2 patentes por cada 1.000 millones de euros, tres veces menos que en el resto de la Unión Europea —que ha experimentado un ascenso del 8,1% desde 2018— y diez veces menos que en Estados Unidos. Los datos del Instituto Cerdà no incluyen en este punto a la distribución, lo que podría alterar la imagen general.
Agricultura e industria destinan a innovación sólo el 0,55% de su facturación, casi tres décimas por debajo de la media de la Unión Europea, que se encuentra en el 0,80%.

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Innovación en procesos antes que productos
El destino de la inversión confirma otro rasgo estructural: la innovación se orienta más a procesos que al desarrollo de nuevos productos. Las empresas priorizan la implementación y mejora de tecnologías, la optimización operativa y la reformulación de referencias existentes frente a lanzamientos novedosos, que pueden impulsar sus ventas pero tienen un índice de fracaso muy alto.
Según encuesta del Instituto Cerdà, un 60% de las compañías del sector asegura innovar, un incremento notable respecto al 30% de 2018. Entre el 20% y el 30% de la cifra de negocio de las empresas innovadoras procede de productos o procesos desarrollados en los últimos años, porcentaje que se eleva hasta el 39% en el caso de la industria.
Desde la óptica del consumidor, la innovación se percibe sobre todo en categorías como platos preparados —la más citada, con un 36,8%—, aperitivos, congelados y dulces. El informe destaca, además, un mayor dinamismo reciente en bebidas y un aumento del peso de los compradores tempranos de lanzamientos, que pasan del 18% al 26%.
La innovación en platos preparados, según han precisado los responsables del estudio, se ha centrado sobre todo en mejoras nutricionales, reducción de fricciones y adaptación a nuevas pautas de conveniencia, en línea con unas prioridades del consumidor cada vez más centradas en salud y precio. Respecto a estudios anteriores, sostenibilidad o calidad percibida han perdido importancia.

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Financiación y barreras estructurales
La financiación sigue siendo mayoritariamente privada. Más del 90% de los recursos destinados a I+D+i procede de fondos propios, aunque cerca del 60% de las empresas accede a ayudas públicas, que actúan como catalizador, aunque no como pilar financiero.
Las compañías encuestadas citan como dificultades a la hora de acceder a estas ayudas la complejidad de las convocatorias y los requisitos, que filtran a muchas empresas potencialmente interesadas.
Entre los principales frenos a la innovación, el informe identifica un cambio relevante: la falta de financiación externa pesa hoy más que la escasez de recursos propios, que en ediciones anteriores era el obstáculo dominante. Le siguen las estrategias cortoplacistas, que priman los resultados inmediatos frente a los proyectos de larga duración, la falta de talento y capacidades internas y la burocracia.

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Las empresas más activas en innovación son, sobre todo, grandes grupos, que cuentan con los recursos y el personal —a menudo organizado en departamentos propios— para navegar los trámites administrativos y llevar a cabo proyectos complejos de I+D+i. Los centros de coinnovación de Mercadona o las nuevas instalaciones de Danone en Aldaia (Valencia) son un buen ejemplo de ello.
El enorme peso de las pymes en el tejido empresarial español sigue siendo el principal obstáculo para el avance de la innovación, dado que estas empresas cuentan con menos recursos. En este contexto, las grandes cadenas de distribución están ejerciendo un papel acelerador al concentrar sus compras en unos pocos proveedores de mayor facturación.