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SECTOR FMCG

Un estudio desmonta la idea de "márgenes abusivos" e "intermediarios ocultos" en la cadena agroalimentaria

El informe propone una metodología rigurosa para superar los análisis simplistas de precios origen-destino, que generan confusión y alarma en el consumidor.

Publicado: 28/04/2026 ·15:03
Actualizado: 28/04/2026 · 15:18
  • La presentación del estudio ha tenido lugar en el marco de un evento organizado por Asedas.

No existen márgenes abusivos generalizados ni intermediarios ocultos en la cadena agroalimentaria española. Esa es una de las principales conclusiones del "Análisis de la cadena de valor agroalimentaria: metodología para la comparación precisa de precios origen-destino", presentado este martes por Manuel Hidalgo, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, que reclama dejar atrás las "distorsiones sistemáticas de enfoques simplistas" que, a su juicio, confunden al consumidor y dificultan el diseño de políticas eficaces.

El trabajo, dado a conocer en una jornada organizada por Asedas (Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados) y CAEA (Confederación Andaluza de Empresarios de Alimentación y Perfumería), con la asistencia de José Miguel Herrero, director general de Alimentación en el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), tiene como objetivo desmontar percepciones erróneas sobre cómo se forman los precios y aportar una base empírica rigurosa para futuras decisiones públicas.

Hidalgo sostiene que comparar únicamente el precio en origen con el precio final en tienda ofrece una imagen incompleta: "Estas distorsiones no son meramente técnicas, sino que orientan hacia soluciones populistas cuando el análisis riguroso demuestra la necesidad de políticas basadas en evidencia", afirmó durante la presentación.

Manuel Hidalgo, autor del estudio, durante la presentación.
Manuel Hidalgo, autor del estudio, durante su exposición.

Cinco errores frecuentes

Según el estudio, existen cinco errores frecuentes en ese enfoque simplificado: invisibilizar los eslabones intermedios, mezclar funciones económicas diferentes, ignorar la dimensión temporal de las campañas agrícolas, subestimar la complejidad técnica del proceso y cuestionar implícitamente la legitimidad económica de servicios necesarios como la logística, la transformación o la distribución comercial.

Frente a ello, la propuesta metodológica divide la cadena en cuatro niveles claramente diferenciados: origen (producción primaria), transformación (manipulación y/ o procesado), mayoristas  (plataformas, distribución y/o logística) y consumidor (venta minorista). Para el autor, este esquema "supera las limitaciones críticas del enfoque simplista origen-destino mediante el reconocimiento explícito de la complejidad real de las cadenas agroalimentarias".

El análisis aplicado a 20 eslabones distintos repartidos en cinco cadenas de valor representativas –aceite de oliva, leche, pollo, limón y patata– concluye que no hay evidencia de márgenes abusivos en ninguno de los niveles estudiados. Los resultados reflejan márgenes negativos en cuatro eslabones, nulos en ocho y moderados en los ocho restantes. "Esta valoración empírica contradice frontalmente las percepciones generadas por enfoques simplistas sobre intermediarios especulativos o márgenes excesivos, que pueden generar confusión y alarma social en el consumidor", defendió Hidalgo.

El estudio subraya que el precio final incorpora costes directos e indirectos que se van sumando a lo largo del recorrido del producto: producción, selección, conservación, transporte, envasado, almacenamiento, personal, energía o mantenimiento de los puntos de venta, entre otros.

En el caso del aceite de oliva, uno de los sectores más señalados por las diferencias entre origen y destino, el informe concluye que cada fase aporta valor específico y justificado. El multiplicador de precio final de 3,19 veces situaría además al sector oleícola español entre los más eficientes de Europa.

La cadena de valor del aceite de oliva es uno de los casos en los que se ha centrado el análisis.
La cadena de valor del aceite de oliva es uno de los casos en los que se ha centrado el análisis.

Los multiplicadores detectados en los cinco sectores analizados fueron de 2,06 veces en leche, 2,60 en avícola, 3,06 en patata, 3,19 en aceite de oliva y 4,57 en limón. Para Hidalgo, estos datos reflejan "la alta eficiencia conseguida por las cadenas agroalimentarias españolas tras décadas de mejora continua, innovación tecnológica y optimización de procesos".

Además, el economista recordó que muchas variaciones de precios entre campañas responden a factores normales del mercado, como la climatología, la disponibilidad de producto o los calendarios de cosecha, y no a prácticas especulativas.

Los seis requisitos que, en opinión de este experto, debe tener cualquier análisis riguroso sobre precios son: identificar todos los eslabones, definir correctamente los precios comparados, validar datos con múltiples fuentes, usar muestras representativas, incorporar actualización periódica y medir funciones, costes, riesgos, así como el valor añadido de cada operador.

Comunicación y pedagogía, el reto pendiente

En la mesa de debate posterior a la presentación del estudio, que reunió a representantes académicos, empresariales e institucionales para analizar cómo se forman realmente los precios de los alimentos y qué retos afronta la cadena agroalimentaria, el consenso general fue claro: la evolución de los precios responde cada vez más a factores globales –clima, energía, geopolítica o mercados exteriores– y menos a explicaciones simplistas centradas únicamente en la distribución comercial.

José María Sumpsi, catedrático de Economía Agraria de la universidad Politécnica de Madrid y exsubdirector general de la FAO, recordó que todo comienza en el campo: "La cadena agroalimentaria tiene muchos puntos, pero donde se inicia todo es en el producto agrario", señaló. A su juicio, cualquier perturbación en origen termina trasladándose, con mayor o menor intensidad, al consumidor final.

Sumpsi advirtió de que la agricultura está especialmente expuesta a dos factores estructurales: el clima y la energía. Por un lado, subrayó que el cambio climático está multiplicando la recurrencia de fenómenos adversos; y por otro, recordó que se trata de una actividad muy dependiente del coste energético, no solo por el transporte, sino también por fertilizantes, plásticos, fitosanitarios o sistemas de riego: "La influencia de los precios energéticos es enorme en los costes agrarios", resumió.

El economista alertó además del impacto de la tensión geopolítica internacional sobre los mercados mundiales de alimentos. Al respecto, en alusión a lo que está sucediendo con el Estrecho de Ormuz, citó los incrementos registrados por la FAO en los precios internacionales y explicó que alteraciones logísticas o comerciales de este calibre pueden repercutir rápidamente en sectores sensibles, "como está ocurriendo actualmente a nivel mundial con el azúcar, que ha incrementado su precio un 7% en solo un mes, o los aceites vegetales, que lo han hecho el 5%".

También puso el acento en el vínculo entre agricultura y energía a través de los biocombustibles: cuando sube el petróleo, explicó, resulta más rentable destinar materias primas agrícolas a producir biocombustibles (es el caso actual de la caña de azúcar, destinada en buena parte no a producir azúcar, sino bioetanol), reduciendo la oferta alimentaria y tensionando los precios.

En clave nacional, Sumpsi defendió que España dispone de instrumentos avanzados para mejorar el funcionamiento de la cadena: "Hay una Ley de la Cadena Alimentaria de las más modernas de Europa", subrayó. También reclamó reforzar la transparencia y recuperar con más intensidad los estudios periódicos sobre precios y márgenes. Aun así, quiso desmontar algunos tópicos sobre el tramo final de la cadena: "Lo que está claro es que hay competencia y que la cadena funciona razonablemente bien, aunque no sea perfecta y requiera de ciertos ajustes", dijo, aludiendo al mercado de distribución alimentaria español.

Por su parte, Felipe Medina, secretario general técnico de Asedas, reivindicó la eficiencia del comercio alimentario español y su aportación diaria al consumidor. Defendió que España cuenta con una cadena moderna, capilar y competitiva, e incidió en que, "como consumidores, somos muy afortunados por tener tan cerca de nosotros los centros de producción y estar absolutamente garantizado el suministro de productos".

Para Medina, "la sensación y la evidencia científica es que los mercados funcionan", si bien reconoció que las subidas en origen suelen trasladarse al destino con mayor rapidez que las bajadas, que lo hacen con cierto retraso y de manera más suavizada.

Uno de los mensajes centrales de su intervención fue la necesidad de mejorar la comunicación con el consumidor: "Tenemos una asignatura pendiente en comunicación y de saber trasladar toda la información que disponemos para que se entiendan mejor los procesos", reconoció. Criticó los análisis basados únicamente en multiplicadores -por ejemplo, que un producto "se multiplica por cuatro" o "por diez"- porque pueden resultar engañosos si no se analiza el valor añadido real incorporado en cada fase.

Para explicarlo, puso el ejemplo de un tomate: "Si pasa de 50 céntimos a dos euros parece multiplicarse por cuatro, pero el incremento real es de 1,50 euros. Si parte de diez céntimos y acaba en un euro, se multiplica por diez, aunque el aumento absoluto es menor. Esa metodología para analizar la formación de precios es totalmente engañosa", sostuvo.

El representante de Asedas pidió, además, poner rostro humano a la cadena. Recordó que el comercio alimentario emplea a más de un millón de personas y destacó el trabajo silencioso de miles de profesionales que operan de madrugada para garantizar abastecimiento y frescura.

La visión institucional la aportó José Miguel Herrero, director general de Alimentación en el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (Mapa), quien invitó a mirar la evolución de las últimas décadas. Recordó que, cuando España entró en la entonces Comunidad Europea en 1986, ocupaba una posición muy distinta en comercio exterior agroalimentario. Hoy, señaló, "el país se ha consolidado como una potencia exportadora".

Herrero defendió que en los últimos veinte años se ha avanzado en transparencia y equilibrio comercial mediante herramientas como la Ley de la Cadena Alimentaria, la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA) y los observatorios de precios: "Hoy tenemos uno de los países del mundo con más información sobre cómo se forman los precios de los alimentos", aseguró.

También quiso poner en valor la resiliencia del sistema en momentos críticos como la pandemia, la crisis del transporte o los conflictos internacionales: "La cadena no se ha roto, sino que se ha mostrado fuerte y cohesionada", afirmó.

En definitiva, el mensaje compartido por los ponentes fue que entender el precio de los alimentos exige mirar toda la cadena y abandonar explicaciones simples: "Nos queda como reto seguir informando con rigor, porque la información existe y la tenemos disponible", concluyó Herrero.

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